UNO DE ESOS DÍAS QUE TE SIENTES UNA DESGRACIADA
Me pregunto, es que soy mala persona? Soy una egoísta que se merece todo lo que le pasa? Por qué tengo tan mala suerte? O es solo un simple bajón de esos, que vienen acompañados sobretodo en invierno. Si más no, dicen que necesitas tener días bajos para tener días buenos.
Pero estoy harta, estoy harta de esperar en la sala de espera para entrar paso a mi vida, estoy harta de soñarla pensando que un día tendré la vida perfecta, con la persona perfecta. Que esa persona vendrá a recogerme con flores, que cogerá el vuelo que haga falta para venir a verme, que me dirá que siempre ha estado esperándome, que tenía ganas de verme, y que si me ignoraba… era porqué estaba ofendido por mi comportamiento, que se había enterado de mi cagada. Que no pasaba de mi simplemente porqué no le importaba, simplemente porqué ¿quién era yo? Una chica a la que ha visto 2 veces en su vida y a la que le cuenta su vida por whatsapp durante 7 meses… una chica que se ha hecho, como siempre, una historia en su cabeza, se ha vuelto a crear ilusiones aún repitiéndose una y otra vez que no se las hiciera, que no volviera a pasar por el dolor de perderlas. Y es que me pregunto que es lo más doloroso de romper una relación, aunque en este caso no llegaba ni a eso, ni siquiera hubo sexo. Pero lo peor de estos casos, no es saber que no vas a ver a esa persona nunca más, que no la vas a poder besar, ni sentir su cuerpo, ni tener a alguien en quien pensar cuando no sabes en que pensar y dices, voy a montarme un cuento con él, un cuento de princesas. Saber que nunca más te van a poder alegrar el día esas 4 palabras tontas, reírte sola, tener ganas de contarle las cosas a alguien.
Y es que, los peores momentos en la vida llegan cuando te arrancan esa ilusión. La ilusión de ver a tu ídolo después de pasar unos meses en la otra punta del mundo, pero que cuando llegues ya no esté, porque tu abuelo se ha ido sin más, sin imaginarte que esa despedida de 6 meses, en realidad sería para toda la vida. Recordando como se le caían las lágrimas al despedirse de mi, pobre, si hubiera sabido que no me vería más entonces, si yo lo hubiera sabido… La persona que más orgullosa estaba de mi, y yo de él. Mi inspiración. Mi héroe. Se que ahora lo estaría más. Se que siempre lo ha estado. Tuve la suerte de tenerlo 2 décadas conmigo, de que me conociera lo que sería mi personalidad para siempre. Otras personitas no tuvieron esa suerte, y no es justo. No es nada justo para ellas.
Cuando te quitan también las ilusiones sobre volver de la otra punta del mundo y poder tener una relación normal de pareja con la persona que has compartido cama, trabajo, casa, ocio, con la que has estado 24 horas durante 6 meses. Que por fin dejaréis de discutir tanto, que ya no te verás obligada a poner todo el peso de tu peor momento de tu vida sobre él, pues tendrás tu familia y amigos para apoyarte también. Que por fin has conocido la persona adecuada, con la que complementas, de la que estás enamorada de su sonrisa, de su forma de soñar, de su bondad, del sexo. Por fin podrás disfrutar de alguien que vale la pena. Pero que cuando llega el momento, cuando lo alejas de ti, se escapa como un pájaro de su nido y nunca más vuelve. Ahí te das cuenta que no puedes retener a las personas, que, una vez más, las ilusiones se van de la noche al día y con ellas las personas.
Bueno, no solo las personas, también tu cosita, tu amiga más fiel, con la que has crecido, lo más valioso que he poseído y poseeré toda mi vida, mi perra. Se que están juntos. Se que le di todo el cariño que pude. Que todos le dimos todo el cariño que pudimos, porque ella nos lo pedía cada día. No se podía ser tan buena, no se podía ser tan fiel.
Y es que dicen que los problemas nunca vienen juntos, pero el problema es cuando el problema no tiene solución. Cuando son desgracias que no puedes arreglar. Cuando desaparecen de tu vida y no los puedes hacer regresar.
Por eso, todo lo que esté fuera de ese ámbito, todo lo que no sean desgracias, todo lo que se pueda solucionar aunque sea con una fórmula diferente, aunque sea con otro resultado, no debería preocuparnos! Y es que a veces hay que mirar por lo que hemos pasado para darnos cuenta de lo que hemos superado, para valorar si realmente me tengo que dejar caer, o puedo seguir escalando, que en vías más difíciles he subido montañas.
La diferencia entre una desgracia sin solución y un problemón, está en la cabeza. El problema o lo que sea que nos cree el llamado bajón, está todo en nuestra cabeza. Y lo peor es que mucho de nosotros lo sabemos, somos conscientes, pero parece que nos gusta preocuparnos, que nos gusta estar abajo para sentir el aire más puro arriba, que nos gusta torturarnos, que nos gusta darle emoción a nuestra vida aburrida.
Tenemos que ver las cosas con distancia, en la medida exacta. Apartarnos. Dejar que fluyan. Como el arquitecto cuando dibuja un alzado, en la distancia y en el medio, ni mas arriba ni más abajo verá la realidad aproximada del edificio. Ni en el medio la podrá ver exacta, pues nuestros ojos son subjetivos, pero nos podremos acercar a ella. Y solo uno solo puede dibujarla. Date ese tiempo, queda contigo mismo. Dibújalo si hace falta.
Y verás que pasarás de llorar a sonreír en el mismo dibujo, porque la vida es simplemente maravillosa, donde hay muchos sueños e ilusiones, por lo que si se te rompen unos cuantos, te quedaran muchos más a los que sabrás apreciar más e ir a por ellos. Y por muchos que se te rompan, nunca dejar de creer ni confiar en los otros. Porque la vida no es ganar, sino estar en el juego, nunca abandonar, o dejar que alguien te haga abandonar. Nunca obsesionarte con nada. Nunca esperar nada de nadie.
Sara Bregra
120
Cargando comentarios...