Una larga noche
Una larga noche.
Poco a poco, la luminiscencia de la pantalla de mi computadora está acabando con mis fuerzas, ya es tarde y mis ojos comienzan a sentirse más y más pesados. Trabajar en oficinas puede llegar a ser hartarte pero por suerte solo tengo que acabar este informe.
Tecleo y tecleo montones y montones de palabras, me sorprende como es que mis dedos se mueven tan rápidos para mis ojos. Este lugar es sumamente aburrido cuando se está solo, las luces semis apagadas, el brillo de la pantalla del ordenador al máximo y para mas a estas horas de la noche, no me sorprendería que por sorpresa me quede dormido.
Pasan algunos minutos, no lo sé, desde que empecé este estúpido informe perdí la noción del tiempo, una vez que termine no dudare en tirarme en cualquier lugar donde pueda dormir.
Mis oídos captan un sonido agudo por los pasillos del edificio pero no le tomo importancia, solo debo concentrarme en terminar, seguramente sería el señor de la limpieza.
-Gracias a Dios, por fin he terminado- dije finalmente, soltando un gran y largo bostezo.
Finalmente estoy libre, guardo mi informe en una memoria extraíble, recojo mi saco, mis cosas y me largo.
-¿Asi que ya te vas?- dijo una voz familiar que captó mi atención.
Cuando alcé la mirada, y con los ojos muy pesados lo vi de pie en la puerta de la oficina. Ahí estaba él, con su típico y apuesto rostro despreocupado y con una picara sonrisa de oreja a oreja, francamente y no es que no me agrade este tipo pero la verdad no tenia gansa de encontrarme con nadie después de terminar mis labores.
-Sí, ya me iba ¿Qué quieres?- le pregunté intentando no sonar malhumorado.
-Oh, vamos, no seas tan frio.
-Hoy hace mucho frio por si no lo sabías.
Se me quedó mirando por unos segundo, él tipo era lo bastante alto como para hacerme levantar el cuello para mirarlo. Luego de lo que parecieron horas me sonrió nuevamente, a veces me preguntaba qué cosas pasaban por la mente de este individuo cuando hacia eso.
-Oye, no te gustaría hacerme compañía esta noche?-me preguntó.
-Nah, estoy muy cansado y solo deseo relajarme-le contesté.
-Perfecto-dijo tomándome de la muñeca-. Entonces yo te ayudaré a relajarte, te prometo que te sentirás bien.
-Oye- intenté protestar pero este tipo que desgraciadamente tiene mas músculos que yo me arrastraba muy fácilmente.
Cuando llegamos al estacionamiento del edificio me llevo hasta donde estaba su auto, era un hermoso convertible rojo, sacó sus llaves, abrió la puerta del copiloto y me metió.
-Oye tu, no hacía falta que hicieras eso.- me quejé.
-Lo siento, es que estoy muy emocionado esta noche. –me contestó volviendo a esbozar esa molesta sonrisa.
-(Bueno, al menos hoy no tendré que tomar el autobús)-pensé mientras apartaba la mirada.
En las próximas horas, ya me encontraba en el asiento del copiloto con el conduciendo, ninguno de los dos emitió palabra alguna, la verdad suele ser asi precisamente cuando estoy con él.
Miro por la ventana cantidades de edificios y personas yendo y viniendo de donde solo Dios sabe. Me siento muy cansado, podría simplemente dormir ahora pero no me gusta dormir sentado.
-El trabajo va difícil ¿verdad?- dijo él con la intención de iniciar una conversación.
-Más bien agotador-le respondí entre bostezos-. Estaba a punto de quedarme dormido.
-Menos mal que he llegado a tiempo, si te quedabas dormido en la oficina te morirías de frio, deberías cuidarte un poco más.
-¿Desde cuándo te preocupo tanto?- le pregunté.
-Desde que te conocí.
Cuando dijo eso fruncí el ceño, volví la mirada hacia la ventana y no volví a abrir la boca. Asi estuvimos hasta que por fin llegamos a su apartamento.
Amablemente, cuando abrió la puerta me brindo el paso, no cabía la menor duda de que su apartamento era más elegante y estaba más ordenado que el mío, no lo quería admitir pero la verdad todo el lujo que hay en la vivienda de este individuo me molesta.
-Oye, ¿no te apetece tomar algo?- me preguntó mientras cerraba la puerta y le ponía seguro.
-Lo que sea para mí está bien-le dije, el tipo era insoportablemente amable.
Unos minutos más tarde, estaba con él en la sala viendo una película mientras tomábamos una cerveza, las dos latas descansaban en la pequeña mesa frente al sofá donde estaba sentado con él, el trabajo me dejo completamente agotado pero en esos momentos me sentía mejor.
-(Mierda, esto era lo que necesitaba)-pensé-(Será mejor que me valla, mañana debo volver a trabajar)
Él estaba concentrado en la película, cuando lo miraba podía notar más fácilmente sus facciones y su estructura física ahora que no tenia puesto los abrigos. Él sin duda era mucho más fornido que yo, de vez en cuando mis ojos se topaban con unos bíceps muy grandes, por lo menos más que los míos y además de eso también un abdomen plano y duro, ese rostro que tenia combinaba a la perfección con todo lo demás, yo en comparación con él, bueno no me puedo comparar con él, maldición, este maldito es demasiado apuesto.
Tomo la lata que estaba en la mesa, la bebo rápido.
-Gracias por la bebida, gracias por tu hospitalidad pero ya me tengo que ir.-dije finalmente, me negaba a seguir con él.
-¿Qué?- preguntó, desviando de golpe la mirada del televisor.
-Gracias, en serio, pero ya me tengo que ir.
-Pero ya es muy tarde para que vayas solo y además hace mucho frio, es mejor que te quedes.-dijo mientras se me acercaba.
-Lo sé, pero tengo cosas que hacer mañana, además no quiero causarte problemas- dije levantándome del sofá- gracias.
Estuve a punto de irme pero sentí que algo me jalaba, cuando me di vuelta, vi su mano sosteniendo mi muñeca.
-No te vayas.-dijo él y con su fuerza me arrastro y me acostó de vuelta en el sofá.
-Oye, ¿Qué demonios? –dije forcejeando para que me soltara pero desgraciadamente no era lo suficientemente fuerte para este tipo.
-Hoy no te me escaparas.- me dijo-. No deseo pasar esta noche solo, no voy a dejarte ir otra vez.
Mis ojos estaban centrados en lo suyos, eran intimidantes, lo hacían parecer una fiera hambrienta de presas indefensas. Sin previo aviso, acerco su rostro y nuestros labios hicieron contacto, mis ojos se abrieron de par en par, no podía creer lo que acababa de pasar.
-¿Por qué hiciste eso?- le pregunté, era raro, no me sentía molesto o asqueado por lo ocurrido.
-Siempre he tenido deseos de probar estos labios- dijo mientras con sus dedos acariciaba mis labios de arriba abajo, sus yemas se sentían tibias-. Se sienten tan dulce, he querido hacer esto desde hace mucho- después de esas palabras volvió a besarme.
El beso fue muy largo y pasional, no me había dado cuenta que había cerrado mis ojos, me sentía muy confundido por el acontecimiento que estaba tomando lugar.
-Finalmente, estas aquí, conmigo, en esta fría noche- mientras me hablaba, su mano suavizaba mi mejilla, era cálida.
-¿A donde quieres llegar haciendo esto?- le pregunté.
-¿lo entiendes?- sentí como su mano se metía debajo de mi camisa, suavemente acariciaba mi pecho y mi abdomen-. Siendo sincero, había querido hacer esto contigo desde hace mucho, la verdad es…-acerco sus labios a mis oídos-. Que te deseo.
Tras haber escuchado su voz, trasmitiendo ese mensaje deje que el tiempo fluyera, francamente me dejé llevar por la situación.
La cama era igual de cómoda que el sofá, tantos deseos que tenia de acostarme en una, ahora prácticamente estaba relajado pero no estaba solo, él y yo nos encontrábamos disfrutando del acto lujurioso, ambos no llevábamos ninguna prenda encima pero pese al frio de afuera, su habitación era muy cálida.
-Te ves tan bien, prometo que te haré pasar la mejor noche- me decía y de ahí deje que sus instintos lo guiaran.
Sentía sus labios besando mi cuello, mientras sus manos exploraban mi cuerpo, dulcemente esas manos iban de aquí para allá, acariciaban mi espalda, mis piernas, mi abdomen y mis brazos.
Podía sentir mi cuerpo entrando en calor, mi corazón latía muy fuerte y apresuradamente, a pesar de la oscuridad podía verlo, se veía tan genial sin nada encima. Noté que se le hizo agua la boca y acto seguido comenzó a saborearme, su lengua subió desde mi cuello a m boca y ahí, saboree la suya, hacer eso me ponía más cachondo de lo que ya estaba.
-Noto que estas muy duro, pero yo te ayudaré a suavizarte-me dijo y busque su rostro vi que se acercaba a mi entrepierna.
-¿Qué vas a hacer?- le pregunté.
-Voy a disfrutar lo que tienes para darme.
Comenzó a lamer mi miembro y acto seguido lo comenzó a succionar, eso hizo que me pusiera más caliente, era un calor que me gustaba, su boca subía y bajaba, y yo gemía como cualquier pendeja excitada. Asi siguió hasta que finalmente se detuvo. Abrí los ojos y vi que se ponía encima de mi pero de otro lado, ahora tenía su miembro frente, comprendí lo que quería hacer.
-(69)-dije en mi cabeza.
De ahí estábamos teniendo sexo oral, yo disfrutaba de lo suyo mientras el de lo mío, sabía bien, no recuerdo la última vez que he hecho algo como esto.
Luego de haber lubricado nuestros miembros, se incorporó y se volteó para verme, acerco su rostro para darme otro beso y me susurró.
-Ya estás listo, ahora viene lo bueno.-dijo y acto seguido se sentó encima de mi polla, en ese momento sentí como mi cuerpo se encendía en llamas-. Oh dios, sigues muy duro pero yo te suavizare, eres demasiado sexy.
Sentirlo encima de mí era genial, comencé a empujarlo para ir más y más adentró de él.
-Te deseo- me repetía.
-Eres genial, eres… genial- le decía yo.
-Córrete- me exigía-. Córrete en mí, córrete dentro de mí.
Asi continuamos hasta que finalmente ambos logramos alcanzar el clímax, soltamos un largo gemido después de ello y al final caímos rendidos por el cansancio, se recostó en mi pecho todavía jadeando.
Nuestros cuerpos estaban frescos por el sudor, yo por mi parte estaba a punto de sumirme en un sueño profundo, lo último que sentí fueron sus besos en mi frente y en mis labios, y lo último que escuche fue:
-Te amo, descansa cariño.
Después de eso me quedé dormido.
Poco a poco, la luminiscencia de la pantalla de mi computadora está acabando con mis fuerzas, ya es tarde y mis ojos comienzan a sentirse más y más pesados. Trabajar en oficinas puede llegar a ser hartarte pero por suerte solo tengo que acabar este informe.
Tecleo y tecleo montones y montones de palabras, me sorprende como es que mis dedos se mueven tan rápidos para mis ojos. Este lugar es sumamente aburrido cuando se está solo, las luces semis apagadas, el brillo de la pantalla del ordenador al máximo y para mas a estas horas de la noche, no me sorprendería que por sorpresa me quede dormido.
Pasan algunos minutos, no lo sé, desde que empecé este estúpido informe perdí la noción del tiempo, una vez que termine no dudare en tirarme en cualquier lugar donde pueda dormir.
Mis oídos captan un sonido agudo por los pasillos del edificio pero no le tomo importancia, solo debo concentrarme en terminar, seguramente sería el señor de la limpieza.
-Gracias a Dios, por fin he terminado- dije finalmente, soltando un gran y largo bostezo.
Finalmente estoy libre, guardo mi informe en una memoria extraíble, recojo mi saco, mis cosas y me largo.
-¿Asi que ya te vas?- dijo una voz familiar que captó mi atención.
Cuando alcé la mirada, y con los ojos muy pesados lo vi de pie en la puerta de la oficina. Ahí estaba él, con su típico y apuesto rostro despreocupado y con una picara sonrisa de oreja a oreja, francamente y no es que no me agrade este tipo pero la verdad no tenia gansa de encontrarme con nadie después de terminar mis labores.
-Sí, ya me iba ¿Qué quieres?- le pregunté intentando no sonar malhumorado.
-Oh, vamos, no seas tan frio.
-Hoy hace mucho frio por si no lo sabías.
Se me quedó mirando por unos segundo, él tipo era lo bastante alto como para hacerme levantar el cuello para mirarlo. Luego de lo que parecieron horas me sonrió nuevamente, a veces me preguntaba qué cosas pasaban por la mente de este individuo cuando hacia eso.
-Oye, no te gustaría hacerme compañía esta noche?-me preguntó.
-Nah, estoy muy cansado y solo deseo relajarme-le contesté.
-Perfecto-dijo tomándome de la muñeca-. Entonces yo te ayudaré a relajarte, te prometo que te sentirás bien.
-Oye- intenté protestar pero este tipo que desgraciadamente tiene mas músculos que yo me arrastraba muy fácilmente.
Cuando llegamos al estacionamiento del edificio me llevo hasta donde estaba su auto, era un hermoso convertible rojo, sacó sus llaves, abrió la puerta del copiloto y me metió.
-Oye tu, no hacía falta que hicieras eso.- me quejé.
-Lo siento, es que estoy muy emocionado esta noche. –me contestó volviendo a esbozar esa molesta sonrisa.
-(Bueno, al menos hoy no tendré que tomar el autobús)-pensé mientras apartaba la mirada.
En las próximas horas, ya me encontraba en el asiento del copiloto con el conduciendo, ninguno de los dos emitió palabra alguna, la verdad suele ser asi precisamente cuando estoy con él.
Miro por la ventana cantidades de edificios y personas yendo y viniendo de donde solo Dios sabe. Me siento muy cansado, podría simplemente dormir ahora pero no me gusta dormir sentado.
-El trabajo va difícil ¿verdad?- dijo él con la intención de iniciar una conversación.
-Más bien agotador-le respondí entre bostezos-. Estaba a punto de quedarme dormido.
-Menos mal que he llegado a tiempo, si te quedabas dormido en la oficina te morirías de frio, deberías cuidarte un poco más.
-¿Desde cuándo te preocupo tanto?- le pregunté.
-Desde que te conocí.
Cuando dijo eso fruncí el ceño, volví la mirada hacia la ventana y no volví a abrir la boca. Asi estuvimos hasta que por fin llegamos a su apartamento.
Amablemente, cuando abrió la puerta me brindo el paso, no cabía la menor duda de que su apartamento era más elegante y estaba más ordenado que el mío, no lo quería admitir pero la verdad todo el lujo que hay en la vivienda de este individuo me molesta.
-Oye, ¿no te apetece tomar algo?- me preguntó mientras cerraba la puerta y le ponía seguro.
-Lo que sea para mí está bien-le dije, el tipo era insoportablemente amable.
Unos minutos más tarde, estaba con él en la sala viendo una película mientras tomábamos una cerveza, las dos latas descansaban en la pequeña mesa frente al sofá donde estaba sentado con él, el trabajo me dejo completamente agotado pero en esos momentos me sentía mejor.
-(Mierda, esto era lo que necesitaba)-pensé-(Será mejor que me valla, mañana debo volver a trabajar)
Él estaba concentrado en la película, cuando lo miraba podía notar más fácilmente sus facciones y su estructura física ahora que no tenia puesto los abrigos. Él sin duda era mucho más fornido que yo, de vez en cuando mis ojos se topaban con unos bíceps muy grandes, por lo menos más que los míos y además de eso también un abdomen plano y duro, ese rostro que tenia combinaba a la perfección con todo lo demás, yo en comparación con él, bueno no me puedo comparar con él, maldición, este maldito es demasiado apuesto.
Tomo la lata que estaba en la mesa, la bebo rápido.
-Gracias por la bebida, gracias por tu hospitalidad pero ya me tengo que ir.-dije finalmente, me negaba a seguir con él.
-¿Qué?- preguntó, desviando de golpe la mirada del televisor.
-Gracias, en serio, pero ya me tengo que ir.
-Pero ya es muy tarde para que vayas solo y además hace mucho frio, es mejor que te quedes.-dijo mientras se me acercaba.
-Lo sé, pero tengo cosas que hacer mañana, además no quiero causarte problemas- dije levantándome del sofá- gracias.
Estuve a punto de irme pero sentí que algo me jalaba, cuando me di vuelta, vi su mano sosteniendo mi muñeca.
-No te vayas.-dijo él y con su fuerza me arrastro y me acostó de vuelta en el sofá.
-Oye, ¿Qué demonios? –dije forcejeando para que me soltara pero desgraciadamente no era lo suficientemente fuerte para este tipo.
-Hoy no te me escaparas.- me dijo-. No deseo pasar esta noche solo, no voy a dejarte ir otra vez.
Mis ojos estaban centrados en lo suyos, eran intimidantes, lo hacían parecer una fiera hambrienta de presas indefensas. Sin previo aviso, acerco su rostro y nuestros labios hicieron contacto, mis ojos se abrieron de par en par, no podía creer lo que acababa de pasar.
-¿Por qué hiciste eso?- le pregunté, era raro, no me sentía molesto o asqueado por lo ocurrido.
-Siempre he tenido deseos de probar estos labios- dijo mientras con sus dedos acariciaba mis labios de arriba abajo, sus yemas se sentían tibias-. Se sienten tan dulce, he querido hacer esto desde hace mucho- después de esas palabras volvió a besarme.
El beso fue muy largo y pasional, no me había dado cuenta que había cerrado mis ojos, me sentía muy confundido por el acontecimiento que estaba tomando lugar.
-Finalmente, estas aquí, conmigo, en esta fría noche- mientras me hablaba, su mano suavizaba mi mejilla, era cálida.
-¿A donde quieres llegar haciendo esto?- le pregunté.
-¿lo entiendes?- sentí como su mano se metía debajo de mi camisa, suavemente acariciaba mi pecho y mi abdomen-. Siendo sincero, había querido hacer esto contigo desde hace mucho, la verdad es…-acerco sus labios a mis oídos-. Que te deseo.
Tras haber escuchado su voz, trasmitiendo ese mensaje deje que el tiempo fluyera, francamente me dejé llevar por la situación.
La cama era igual de cómoda que el sofá, tantos deseos que tenia de acostarme en una, ahora prácticamente estaba relajado pero no estaba solo, él y yo nos encontrábamos disfrutando del acto lujurioso, ambos no llevábamos ninguna prenda encima pero pese al frio de afuera, su habitación era muy cálida.
-Te ves tan bien, prometo que te haré pasar la mejor noche- me decía y de ahí deje que sus instintos lo guiaran.
Sentía sus labios besando mi cuello, mientras sus manos exploraban mi cuerpo, dulcemente esas manos iban de aquí para allá, acariciaban mi espalda, mis piernas, mi abdomen y mis brazos.
Podía sentir mi cuerpo entrando en calor, mi corazón latía muy fuerte y apresuradamente, a pesar de la oscuridad podía verlo, se veía tan genial sin nada encima. Noté que se le hizo agua la boca y acto seguido comenzó a saborearme, su lengua subió desde mi cuello a m boca y ahí, saboree la suya, hacer eso me ponía más cachondo de lo que ya estaba.
-Noto que estas muy duro, pero yo te ayudaré a suavizarte-me dijo y busque su rostro vi que se acercaba a mi entrepierna.
-¿Qué vas a hacer?- le pregunté.
-Voy a disfrutar lo que tienes para darme.
Comenzó a lamer mi miembro y acto seguido lo comenzó a succionar, eso hizo que me pusiera más caliente, era un calor que me gustaba, su boca subía y bajaba, y yo gemía como cualquier pendeja excitada. Asi siguió hasta que finalmente se detuvo. Abrí los ojos y vi que se ponía encima de mi pero de otro lado, ahora tenía su miembro frente, comprendí lo que quería hacer.
-(69)-dije en mi cabeza.
De ahí estábamos teniendo sexo oral, yo disfrutaba de lo suyo mientras el de lo mío, sabía bien, no recuerdo la última vez que he hecho algo como esto.
Luego de haber lubricado nuestros miembros, se incorporó y se volteó para verme, acerco su rostro para darme otro beso y me susurró.
-Ya estás listo, ahora viene lo bueno.-dijo y acto seguido se sentó encima de mi polla, en ese momento sentí como mi cuerpo se encendía en llamas-. Oh dios, sigues muy duro pero yo te suavizare, eres demasiado sexy.
Sentirlo encima de mí era genial, comencé a empujarlo para ir más y más adentró de él.
-Te deseo- me repetía.
-Eres genial, eres… genial- le decía yo.
-Córrete- me exigía-. Córrete en mí, córrete dentro de mí.
Asi continuamos hasta que finalmente ambos logramos alcanzar el clímax, soltamos un largo gemido después de ello y al final caímos rendidos por el cansancio, se recostó en mi pecho todavía jadeando.
Nuestros cuerpos estaban frescos por el sudor, yo por mi parte estaba a punto de sumirme en un sueño profundo, lo último que sentí fueron sus besos en mi frente y en mis labios, y lo último que escuche fue:
-Te amo, descansa cariño.
Después de eso me quedé dormido.
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