Volvía conversando con mi hijo sobre el concierto. Nuestro auto estaba al fondo de un gran pasaje de tierra en un sector un tanto poblacional. Cuando llegamos tenía el vidrio izquierdo trasero roto. Habían robado. Por suerte no teníamos nada de valor en el auto.
-Oiga señor, le asaltaron el auto oe, eran tre cabroh como un poco mah grande que yo, pero no le robaron nah.
-tranquilo hijo, no te preocupes. Era un niño de aproximadamente 4 u 5 años. Que estaba cuidando los autos para ganar un poco de plata y gastarla en quien sabe que. Miré el vidrio roto.  Me subí al auto y al partir vi al niño dirigiendo mi salida con los mismos gestos de un verdadero cuidador. Sentí pena sabiendo que aquel niño por la falta de oportunidades seguramente terminaría en un empleo como ese.
-Dele no mah, dele no mah, eso, ahí ta bien. Bajé la ventana y le di 500 pesos. El puso una cara de enorme felicidad y se fue.
Una vez ya en la calle mi amigo me pregunto:
-Porque le diste 500 pesos? Es mucho, además no te lo cuidó.
-Querido hijo, 500 pesos no son nada para mi, para él puede ser una buena once. Cuando seas grande lo entenderás.
40 años más tarde…
Me subí a la micro y me senté justo atrás del chofer, ya era tarde. Venia cansado de un largo día de trabajo. La micro avanzaba lento y la noche se tragaba a Santiago.  Al cabo de unos paraderos se subió  un trabajador, sucio con la ropa rota. Lleno de grasa, con las zapatillas en mal estado, y quemado en la gran mayoría del cuerpo. Seguramente unos 40 años, sin embargo se veía más viejo por el esfuerzo de toda una vida. Llevaba una bolsa con pan,  seguramente para la once. Había estado todo el día limpiando autos en la tarde y noche y en la mañana trabajando para una constructora
Después de un rato, de quejarse un rato y acomodarse en el asiento, se percato de que sangraba de una mano con múltiples heridas.
-Uno ya ni siente el cansancio. Sentencio. 
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