Un soplido amargo.
. Un soplido amargo.
Intempestivamente sopló con fuerzas el frío viento por encima del seco follaje de los árboles irrumpiendo con su murmurante ruido en el suave silencio del quieto y triste atardecer del Junio aquel.
Desde mis manos anonadadas escaparon las frágiles hojas blancas de la carta que me hicieras llegar después de presenciar tu inesperada partida.
Hundido con un peso exagerado quedé postrado en el envejecido banco de la plaza, mirando con ausencia cómo los manuscritos correteaban junto a las hojas de los árboles por todo lo largo de la senda gravillada, llevándose los argumentales verbos allí grabados y que me habían rasgado el alma, dejando solo jirones de melancolía.
Crucé la pierna por encima de la otra rodilla y con el codo puesto en el respaldo del banco, apoyé la mejilla sobre mi puño, solté un resignado suspiro y vi sin ninguna esperanza cómo las páginas se perdían en la penumbra del parque.
JCRC.
Intempestivamente sopló con fuerzas el frío viento por encima del seco follaje de los árboles irrumpiendo con su murmurante ruido en el suave silencio del quieto y triste atardecer del Junio aquel.
Desde mis manos anonadadas escaparon las frágiles hojas blancas de la carta que me hicieras llegar después de presenciar tu inesperada partida.
Hundido con un peso exagerado quedé postrado en el envejecido banco de la plaza, mirando con ausencia cómo los manuscritos correteaban junto a las hojas de los árboles por todo lo largo de la senda gravillada, llevándose los argumentales verbos allí grabados y que me habían rasgado el alma, dejando solo jirones de melancolía.
Crucé la pierna por encima de la otra rodilla y con el codo puesto en el respaldo del banco, apoyé la mejilla sobre mi puño, solté un resignado suspiro y vi sin ninguna esperanza cómo las páginas se perdían en la penumbra del parque.
JCRC.
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