05.12.2013
Un breve relato.
El escritor solitario, simplemente se puso a pensar que el mundo era una falsa ilusión del cual provenían cientos de actuaciones a cada pasar de la vista. Camino un poco más decidido a vaciar su mente de tanta estupidez proveniente de la boca de los demás, tal vez él estaba equivocado, pero eran sus verdades y su intuición no le fallaba, jamás lo hizo, solo que él antes no quiso hacer caso, se sentó frente a un paisaje sin mayor belleza que la de existir en ese momento, se cuestionó entero y se dio cuenta que al final solo se sentía mal por las palabras y actos provenientes del resto y no por lo que en él habitaba, respiró profundo, destapo una cerveza y se puso a tararear una melodía pegajosa que se vino a su mente en busca de libertad.
La tarde dio paso a la noche, la noche al alba, para levantarse un poco mareado y caminar por calles solitarias en busca de algo que solo estaba en su mente, escuchando a un ser ficticio mental que dictaba la orden de su suicidio, lo único que quería era un trago de vino artesanal, más lo único que encontró fue una botella con agua añeja botada en la calle, bebió de un acequia, se apoyó en una pirca escuchando legiones de gritos amenazando su vida.
Siguió caminando, sabiendo que no era su hora, vivió, se tatuó, olvido, recordó, continúo dejando atrás lo perecedero, para estar con lo duradero que seguro con el tiempo pasara a podrirse.
Sin el veneno.Vuelven muertos.Ataque desmedido.Enséñame.Para tiComparteMIS DÉCIMAS EN MISANTLA.
CMXVIII EN...Un breve relato.
El escritor solitario, simplemente se puso a pensar que el mundo era una falsa ilusión del cual provenían cientos de actuaciones a cada pasar de la vista. Camino un poco más decidido a vaciar su mente de tanta estupidez proveniente de la boca de los demás, tal vez él estaba equivocado, pero eran sus verdades y su intuición no le fallaba, jamás lo hizo, solo que él antes no quiso hacer caso, se sentó frente a un paisaje sin mayor belleza que la de existir en ese momento, se cuestionó entero y se dio cuenta que al final solo se sentía mal por las palabras y actos provenientes del resto y no por lo que en él habitaba, respiró profundo, destapo una cerveza y se puso a tararear una melodía pegajosa que se vino a su mente en busca de libertad.
La tarde dio paso a la noche, la noche al alba, para levantarse un poco mareado y caminar por calles solitarias en busca de algo que solo estaba en su mente, escuchando a un ser ficticio mental que dictaba la orden de su suicidio, lo único que quería era un trago de vino artesanal, más lo único que encontró fue una botella con agua añeja botada en la calle, bebió de un acequia, se apoyó en una pirca escuchando legiones de gritos amenazando su vida.
Siguió caminando, sabiendo que no era su hora, vivió, se tatuó, olvido, recordó, continúo dejando atrás lo perecedero, para estar con lo duradero que seguro con el tiempo pasara a podrirse.
Un breve relato.
12 de agosto de 2019·2 min de lectura
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