Todo indica que debería haber muerto antes, pero aquí estoy, ya que es lo único que  no puedo decidir del todo, la muerte.Mi cuerpo se encarga de que otro haga la lectura de lo que a mi me está pasando, mi realidad es visceral y lo tomo como señal para hacer la torcedura que siento que mi destino necesita.Me siento sumida en un estado de castración en donde debo solucionar el conflicto con mis propios yoes.A veces miro la escena de mi vida y la miro mal y creo que es verdad todo lo que  veo, pero es bueno que otra mirada lo analice, lo diga.

¿Y si no es verdad todo lo que no veo?

En esto influye mucho mi propia ideología, mi tragedia, mi terremoto anímico dentro de esta lenta elaboración del duelo o muerte de un proyecto, un deseo, una ilusión que me mantuvo viva hasta el momento en que, sin más reparo, se esfumó y me dejó el silencio. Desde otro modo, mirando hacia dentro mío me digo que  quizás mi modo no funciona.

Me pregunto: ¿será realmente que mi método no funciona?

¿Será mi disciplina una fórmula nula de proceder?

En este desaguar del alma donde rasguño intensamente mis sienes, donde empujada a este abismo septentrional, hiperbóreo voy  inerte acicalándome con el cierzo de mi propia conciencia, sin ojos que quieran ver,sin manos rutilantes, abucheando lo convexo, des anestesiando a la nada, me pregunto:

 ¿Qué pregunto?

Si todo indica lo que indica, todo es nexo a el después, el inexorable después del que jamás podré huir Epíteto de mi esquina, de esta esquina transversal que constantemente se rescata a si misma chapuzándose  en este abismo existencial que permanece intacto tras el correr inexorable del tiempo, de este tiempo en el que subsisto arbolándome  en palabras.
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