Ahí estaba él, tratando de esconder en letras sus pensamientos.
Había intentado muchas formas para expresarlos pero ninguna manera le resultaba reconfortante. 
Un día tomó un papel con un lápiz desgastado, no sabía lo que estaba a punto de hacer pero en realidad nunca lo hacía.
Las lineas surgieron. Escribía, escribía y escribía. Nunca se detuvo a observar o analizar lo que plasmaba mientras lo realizaba. 
De repente surgió una sensación ¿Qué es esto? -se preguntaba-. Comprendió que algo raro estaba sucediendo, la sensación desaparecía cuando dejaba de escribir.
Continuaba con un ímpetu fenomenal, monstruoso, inhumano. Se transformó, percibió otra realidad, su mente abrió las puertas a lo desconocido. 
¿Quién era, fue o es? Nadie lo sabía sólo él, lo que escribió nadie lo leería, nadie comprendería su sentir. Entonces volvió a su humanidad. 
O eso creía.  
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