Al cumplir los ocho añitos,
mi padrino me compró
unos calcetines rojitos,
como no tenía ninguno,
ese era un buen regalito,
con las cotizas que tenía
muy orondo los lucía.
  
    Como estaba enamorado,
y era mi primer amor,
de mi vecinita de al lado,
me alzaba los pantalones
cuando estaba a su costado,
como queriendo sin querer
para que los pudiera ver.
  
    Sentí un calor desde abajo,
pensé, eso debe ser el amor
que me invade y no lo atajo
pero al mirar me di cuenta,
que era un perro del carajo,
que se meaba, sin previa cita,
¡en mi media....  nuevecita!
  
    Lo que más rabia me daba,
es que de la risa que tenía,
ella también se orinaba.
Métole a ese can atrevido
tremenda patada bien brava
que en sus bolas se estrelló
y del tiro.... féretro quedó.
25780

Cargando comentarios...