Todo se ha dicho y escrito dijo el hombre mientras observaba la profundidad del precipicio que se desplegaba debajo de las puntas de sus zapatos. Un paso adelante y sería el punto final de una obra que sospechaba casi anónima. Pero si acaso hubiera un  lector ¿no merecería una sonrisa y no una lágrima?
 Esta es mi obra pensó y se dio cuenta que el abismo era un espejo
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