Un Mundo Misterioso 
Tambalee el lápiz una y otra vez haciéndolo resonar en mi escritorio, mi mente divagaba a lo lejos pensando… como siempre, así era yo. Contemplando hacia la ventana a mí lado al horizonte solo podía observar los enormes árboles verdes parados junto a mi ventana con la mirada fija en el suave movimiento de las hojas verdes y la suavidad con la que el viento las movía parecía más bien como si el viento acariciase cada hoja con ternura y suavidad. Cada hora de clase se me hacia interminable en lo único que pensaba era en regresar pronto a casa y ver si se encontraba bien y aunque mi padre le volvió a curar pero parece estar decaído tuve que irme muy temprano por la mañana para llegar al colegio y solo recordé aquellas palabras de mi padre “tranquila hermosa, todo estará bien yo lo cuidare” pero me sentía intranquila desde ayer por la noche después de lo ocurrido, justo cuando creí que mi vida se habría acabado el pequeño niño arriesgo la suya por mi impertinencia. Escena por escena pasaba por mi mente cuadro por cuadro aún no lo podía creer ¿un vampiro? Aunque mis ojos por fin habían visto lo increíble, mi mente se rehusaba a creerlo porque una parte de mí siempre creyó que mi vida sería aburrida y sin nada emocionante… que equivocada estaba. Escuché como estrepitosamente al recordar el rostro de aquel vampiro mi lápiz se resbalo de entre mis dedos y cayó bruscamente contra el suelo, desperté de aquel recuerdo y regrese a mi realidad, todas mis compañeras se precipitaron a mirarme de forma extraña, levante el lápiz y volvía a pensar en él ¿estará bien? Me preguntaba una y otra vez, cuando mi amiga Clare se acercó sin darme cuenta.

− ¿Izabella? ¿Izabella? 
− ¿Eh?  −  reaccioné  − ¿Qué sucede Clare?
− ¿Qué sucede? ¿En serio? Solo mírate has estado muy extraña hoy siempre divagando nunca antes te había visto así si necesitas hablar con alguien aquí estoy ¿si? − sonrió con dulzura.
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Clare, mi amiga incondicional la adoro pero cuando se trata de cosas como vampiros, ángeles, duendes o cosas sobrenaturales tiende a molestarse ella se declara “escéptica” y aunque le contase que vi a un vampiro sin duda se enfadaría y se apartaría, desconozco porque tanto enojo pero además de estos temas cualquier otro ella es la mejor consejera.
− Lo sé, gracias. No es nada es solo… que ayer casi muere un cachorro con el que me encariñe mucho y estoy preocupada por él.
− Ah, no te preocupes tu papá jamás permitiría que muriese tan fácilmente. Anímate Izabella es extraño no ver a la divertida Izabella, que siempre esta por ahí animando a las personas.
Clare era una gran amiga pero en estos momentos lo único en lo que pensaba era en aquel gato o mejor dicho aquel niño gato al cual ni siquiera le había preguntado por su nombre, preguntándome ¿Cómo estará en estos momentos? no podía evitar preocuparme él salvó mi vida ¿como no hacerlo? Al sonar el timbre de salida de inmediato salí de la escuela y corrí hacia mi casa deseaba saber de él, que era él y porque estaba aquí, esas y muchas otras preguntas resonaban sin parar una tras otra, deseaba saber, saber más de él. Mientras corría sin parar repentinamente me sentí extraña, débil y aquello aumentó más y más hasta que todo se me nublo, y sentía como caía al piso sin poder sostenerme ni siquiera los párpados caí sin remedio.
            Abrí con dificultad mis pesados párpados aún mareada, tratando de saber en donde me encontraba y con el único pensamiento en mi cabeza “¿Cómo está el gatito?” intenté ponerme de pie y visualicé una habitación blanca, una ventana enorme se encontraba a mi lado y rápidamente al visualizarme aquella aguja clavada en mi muñeca conectada a una bolsa llena de líquido rojo carmesí lo supe, un hospital. Miré a los alrededores y logré ver a mi padre dormido en una de las sillas junto a mí, se le veía mal, cansado… ¿Qué ocurrió? Repentinamente mi padre se despertó como teniendo una pesadilla y parpadeo muchas veces antes de dirigirse a mí.
− ¿Izabella? Cariño ¿Cómo te encuentras? ¿Sigues mareada o débil? – preguntó desesperado.
− Solo… un poco mareada, no es nada ¿Qué sucedió papá? – me miró decaído.
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− No puedo creer que no me diera cuenta… que no comías bien, ni recibías las vitaminas y proteínas necesarias al parecer tus glóbulos rojos estaban muy bajos por lo que te desmayaste en medio de la calle debido a falta de energía y por correr cuando te hace falta energía, gastaste la poca que tenías – hizo un gesto de dolor, de pronto vinieron a mí recuerdos de lo ocurrido – Ahora mismo te están haciendo una transfusión de sangre, lo lamento hija, creo que no te he prestado mucha atención, tal vez debería pasar más tiempo contigo. – se lamentó.
− ¿Qué? Papa no ha sido tu culpa, de verdad. Sé que estas ocupado con tu trabajo, pero ya no soy más una niña puedo hacer cosas por mi cuenta y respecto a la comida prometo comer mejor de ahora en adelante no es necesario que te preocupes tanto… − fui interrumpida.
− ¡SI QUE LO ES! – Gruñó – Izabella… eres todo lo que me queda si no te protejo ahora y te pierdo ¿Qué será de mí? Lo eres todo para mí, mi pequeña. Así que prométeme que no volverás de dejar de comer de nuevo por mi ¿si? – confesó con ojos crispados llenos de dolor a punto de llorar pero se resistió.
− Está bien, lo prometo papa. Yo jamás te dejaría solo… tú también lo eres todo para mí. – admití.
− Muy bien – se tranquilizó – Bueno solo terminan con esta transfusión de sangre y eso será todo, podremos irnos a casa, has dormido bastante por cinco horas. – Lo miré impresionada, pero para mí esa era la mejor noticia el hecho de no tener que quedarme en el hospital más tiempo deseaba ver al pequeño.
− Papa y el gatito ¿Cómo está? ¿Ya despertó? ¿Se pondrá bien? – pregunté desesperada e impaciente.
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− Tranquila, tranquila amor… él está bien, podría jurar que estaba menos herido cuando lo trajiste pero hoy por la mañana después de que te llevé a la escuela lo volví a revisar pero se encontraba sucio y con muchas más heridas asumí que se había sentido mejor y decidió jugar un rato en la sala y de alguna forma se ocasiono más heridas e incluso se abrió más las que ya tenía pero de inmediato le limpie las heridas y le he curado solo es cosa de él poder sobrevivir, aunque no te mentiré querida, él esta delicado. –lo miré llena de tristeza, él me salvó la vida no puedo dejar que muera, todo por mi imprudencia… así que me prometí que al volver lo cuidaría hasta que se recuperase sin importar mi curiosidad, lo primero sería salvar su vida y cuando estuviese sano haría las preguntas que quisiera. 
Llegué corriendo a casa para verle una vez más, se encontraba en una camita especial para gatos que no había visto antes la cual yacía junto a la chimenea dándole calor, mi padre lo sabía, sabía que me había encariñado tanto con él en tan poco tiempo que lo querría para mí… ahí estaba indefenso, tierno, aunque seguía profundamente dormido, según mi padre no ha despertado desde ayer pero vivía, yo solo podía mirarle con dulzura… era como ver a un bebé, las ganas de abrazarle me sobrepasaba pero no podía despertarlo debía curarse por sí mismo pero para asegurarme de eso él dormiría conmigo. Lo cargué con cuidado y me dirigí a mi habitación lo coloque en mi cama, me puse la pijama y me encamine a dormir junto al pequeño, deseaba verlo sano, feliz, vivo… A la mañana siguiente una respiración sobre mi cabeza me incomodaba, claramente para mí la única otra respiración sería la del pequeño gato pero, esta respiración no se sentía tan pequeña como para ser de un gato así que me decidí a abrir mis ojos para averiguarlo. Nada me preparaba para lo que vería. ¡¿QUÉ ES ESTO?! ¡¿Qué DEMONIOS?! Mis ojos se encontraban completamente desorbitados, planeaba gritar en aquel momento pero solo solté un pequeño gritó y recordé que seria un verdadero problema si mi padre veía esto, así que decidí manejarlo sola. Intenté despertar a aquel CHICO que se encontraba abrazándome en la cama era mayor que yo por unos tres o cuatro años ¿Qué DEMONIOS HACÍA EN MI CUARTO? ¿Cómo ENTRO? ¿Y donde tenía al gatito? Finalmente abrió los ojos lentamente, me miró un momento, sonrió dulcemente y volvió a cerrar los ojos.
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− ¡Hey! No te duermas ¿Quién demonios eres tu y donde esta mi gato? – pregunté con desesperación, abrió nuevamente los ojos, me miró.
− ¿Tú gato? Izabella desde cuando ¿soy tuyo? – lo miré confundida e irritada.
− ¡¿Cómo?! ¡NO SE QUIEN ERES PERO DEBES IRTE YA! ¡DIME DONDE ESTA MI GATO! – gruñí.
− ¿IZABELLA? Soy yo, lamento no habértelo dicho antes pero estaba casi muerto antes de poder decirte mi nombre, soy Tokio.
− ¿Tokio? ¿No te conozco podrías por favor irte de mi casa y devolverme a mi gato? – exigí.
Se levanto de la cama confundido por lo que le dije como si le hablara en otro idioma, se miró las manos y comenzó a exaltarse.  ¡¿PERO QUE?! ¿Qué DEMONIOS ME PASO?! – dijo dirigiéndose hacia mi espejo.
– Soy mayor… ¿Cómo paso? Y lo más raro ¿Dónde están mis heridas? Ya no tengo ni un rasguño… ahora entiendo porque me hablabas como si no me conocieras parezco de diecisiete años −  admitió con sorpresa −…pero entonces… tú… − se dirigió hacia mí y me miró fijamente con seriedad −…eres aquella a la que protegeré en toda mi vida, aún acosta de la mía, eres mi salvadora Izabella… − lo miré desconcertada ¿Qué? Pero antes de que pudiera darme cuenta él estaba desnudo justo frente a mí. 
− ¡AHHHH! ¡¿PODRÍAS VESTIRTE?! – grité exaltada. – ¿Ah? ¿Qué te pasa Izabella? Ver a alguien desnudo no es la gran cosa, deja de gritar.
– ¡IDIOTA! ¡TAL VEZ PARA TI Y LOS TUYOS NO! ¡PERO SOY HUMANA Y CRÉEME QUE ESTO ME MARCARÁ DE POR VIDA POR TU CULPAAA! – Grité avergonzada y molesta nuevamente.
– ¡Ya! Está bien lo haré pero… – respondió a medias y después parecía concentrado y pensativo.
– ¿Qué? – respondí con los ojos tapados para que pudiera al menos cubrirse.
– Yo… no se como volver a mi forma de gato o de niño… – confesó preocupado. 
– ¡¿QUÉ?! – Me miró como diciendo “¡ups!” aunque no podía aguantar tanta estupidez junta en alguien como él y le aventé una almohada de lo más pesada y con la mayor fuerza ahora era yo la que me encontraba en problemas.
– ¡IDIOTAAAA! ¡¿Cómo que no lo sabes?! ¡No te conozco y no creo nada de lo que dices! ¡REGRESA A TU CASA Y NO VUELVAS! – le exigí y lo corrí.
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– ¡Lo soy, pero no me quedé lo suficiente en mi hogar como para averiguarlo! No importa regresaré a la normalidad pronto… creo… – respondió.
– ¿Pronto? ¿Creo? ¡De eso nada TU TE VAAAAS! ¡¿Qué crees que pase si mi padre encuentra a un adolescente CON ALUSINACIONES QUE CREE SER un gato y un niño DESNUDO en mi cuarto?! – se cubrió una de mis sábanas a su alrededor y continuó con la discusión.
– ¡Yo no estoy alucinando! ¡TODO LO QUE HE DICHO ES CIERTO y no me interesa si me crees o no, o si me corres o no, YO VOY A PROTEGERTE AUNQUE NO LO DESEES! – Confesó sin miedo alguno y con su mirada fija y seria en mí, yo no pude responder a aquello pero sin duda aquello me pasmó por unos momentos al punto en el que me convenció de escucharlo.
− Ah, supongo que debo explicártelo ahora… Izabella tranquilízate soy yo, trataré de ver si esto funciona ¿bien? – cerró los ojos un momento y lo impensable ocurrió, unas orejas y cola negras salieron de su cuerpo humano de diecisiete años y al abrir sus ojos lo confirmó todo.
– Un ojo rojo y uno verde… − susurré. No podía creerlo esto es algo que jamás hubiese sido capaz de imaginar que estuviera entre nosotros, entre los humanos. ¿Qué se supone que es él? ¿Un niño gato adolescente? Demasiadas cosas había visto y de pronto volví a marearme ¿era esto consecuencia de la falta de sangre? ¿O era la impresión de haber visto aquello? No lo sabía pero mi caída ahora era inevitable.
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− ¡Izabella! – gritó al momento en el que estaba por caer, pero no escuché más.Nuevamente abrí lentamente mis ojos creyendo que todo aquello que había ocurrido no había sido más que un sueño absurdo, mi pequeño gato no podía haberse convertido en un niño humano de ocho años, de pronto volverse de la noche a la mañana ahora un chico humano de diecisiete años y de eso a salirle cola, orejas y los ojos de mi gato. ¡NO! Eso no puede ser… eso no puede pasar…pero al despertar era de tarde, me encontraba recostada en mi cama con otra bolsa de sangre conectada a mi muñeca, al intentar salir de la cama me di cuenta que no podía hacerlo, mi gato como aquel niño que conocí alguna vez yacía ahí observándome atentamente, sentado en el piso y con sus manos sobre el colchón de mi cama esperando que me despertase. De inmediato supe que no era un sueño, al mirar aquellos ojos tan inusuales lo sabia, pero esta vez no me desplome en lo absoluto aunque me sentía extraña ahora que tenía semejante criatura en mi habitación más aún sabiendo que aquella criatura no tomaba la forma de un simple niño sino de un chico de diecisiete años, eso me incomodaba un poco. Aquel pequeño lo captó enseguida y no dudo en contármelo al ver mi rostro lleno de confusión.
− Izabella ¿estás bien? – preguntó preocupado.
− Si, ya estoy… mejor – dudé.
− Lamento si te asuste, pero también yo estaba impresionado… no sabía que podría volverme mayor tan rápido, pero todo parece indicar que ya era tiempo… porque he encontrado a la persona a la que protegeré con mi vida si es necesario, así que debía convertirme en alguien mayor si era así… Izabella tú eres esa persona de ahora en adelante te protegeré siempre. – concluyó con una mirada llena de dulzura en su rostro aquellos ojos me impresionaron con tal seriedad, así que era mi turno de preguntar ahora.

− ¿Qué? Entonces… no fue definitivamente un sueño entonces… ¿Qué eres tú? ¿De donde vienes? Y ¿Por qué dices que me protegerás? No lo entiendo… − admití llena de dudas.
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− Soy lo que los japoneses denominan Jūjin, un ser mitad bestia, mitad humano. Mi clan es felino como podrás haberte dado cuenta, hay muchos como nosotros haya afuera no solo felinos. No somos muy conocidos por los humanos ni somos grandes leyendas o mitos pero existimos. En los seres de mi especie hay una ley que dice que si somos ayudados por un ser humano de buen corazón y sin recibir nada a cambio nos salva de la muerte o simplemente no duda en ayudarnos debemos compensarlos aún cuando estos se nieguen, podemos revelarnos solo ante estos con nuestra verdadera naturaleza y les seremos fieles en protegerlos de cualquier peligro, cuando aquel salvador demuestra cuanto desea que vivamos al salvarnos de algo al borde de la muerte revela un poder que ni nosotros sabíamos que existía curando cualquier herida física y si es la persona indicada para proteger según cada uno de nosotros nos volvemos adolescentes, jóvenes, fuertes, energéticos todo para proteger a quien nos salvó. – concluyó. Lo miré estupefacta ¿Qué? Entonces ¿Tokio no me dejará jamás? ¿En que demonios me metí ahora?
− Entonces… Tokio significa que… ¿estarás conmigo para siempre?
− Así es, Izabella. Lo que me recuerda ¿aún te duele? Lamento no haberte protegido lo suficiente – dijo señalando mi pecho y con un gesto de tristeza.
− Ah, no ya no. No fue nada, no te preocupes ya estoy mejor ahora ¿lo vez?
− No, no es así. Te desmayaste hace un momento y supe que antes también, pero ya estoy bien ahora así que no pienso permitir que Eryx vuelva a tocarte. – dijo con recelo. Lo miré un momento no podía creer que aquel niño tan pequeño se hubiese sacrificado tanto por mí, simplemente era adorable.
− Entonces… te llamas Tokio, ahora se tu nombre y… ¿que hacías por aquí el día que te recogí? Te veías muy mal.
− Oh, acababa de tener una batalla con Eryx, siempre he querido tener una batalla seria con él pero al final siempre alguien nos interrumpe, me escape de mi casa debido a que no estaba de acuerdo en asuntos de la familia.
− ¿Huiste? Pero… tus padres deben estar preocupados ¿Dónde están?
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−  Lo sé, pero no soy un niño aunque me veas en el cuerpo de uno, tengo de hecho noventa años de vida pero en los de mi especie el tiempo de crecimiento obviamente es diferente al de los humanos sigo siendo un niño físicamente pero de hecho tengo la mente de un chico de dieciocho años humanos, se que es extraño pero ya lo entenderás con el tiempo.
− ¿Qué? ¿Entonces me seguirás todo el tiempo?
− Ah, perdón pero aunque no lo desee debo hacerlo y bueno mi familia ya debe conocerte así que no te llevaré con ellos, esto no es algo que se vea todos los días, pero nunca he estado de acuerdo con este tipo de leyes aunque como el futuro líder estoy obligado aún antes de nacer a cumplir al menos con esto aún cuando no lo haga formalmente, además seguramente ya te conocen. Cuando uno de nosotros encuentra a la persona a la cual proteger simplemente se le es anunciado en sueños y el rostro de la persona aparece frente a ellos pero desconocen su ubicación, en mi caso es más conveniente. Aunque… Eryx ahora tiene cierto interés en ti, así que sin duda él volverá de nuevo. 
 
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