~ PREFACIO ~  
Durante años me sentía incomprendido nadie podía ver lo que para mí era normal, desde que tengo uso de razón he visto cosas de las que los demás dicen no ver. Cuando les veía me asustaba, cuando les veía le decía a mis padres pero ellos jamás quisieron creerme creían que eran producto de mi imaginación e incluso yo comenzaba a pensar así. Mis padres hablaron conmigo acerca de lo que veía y me hicieron prometer que jamás diría a nadie lo que veía y con el tiempo los ignoraba con tal facilidad que casi lograba sentirme normal. Los años pasaron y cumplí diez años, me encantaba el futbol y nunca perdía la oportunidad de jugar con mis amigos en el parque cada mañana de vacaciones ahí fue donde todo lo que conocía terminaría. La pelota rodó bastante lejos de donde yo y mis amigos nos encontrábamos así que decidí ser yo quien fuera por ella, topó en un árbol y se detuvo pero entonces los ví de nuevo eran ellos, una especie de monstruos todos diferentes que se paseaban de vez en cuando en el mundo humano para devorarlos era raro verlos de día, eran enormes y devorarían a cualquier alma cerca seguramente esa era la razón por la que se encontraban cerca… yo nunca supe porque tendía a ver tantos cerca de mí e incluso creía que ellos venían por mí afortunadamente eso jamás ocurrió. Me quedé ahí parado observándolos con seriedad pensando que era lo que hacían a estas horas, cuando alguien interrumpió mis pensamientos.
– También puedes verlos ¿cierto? Lo sé, es raro que salgan a plena luz del día. – respondió una voz extraña y aguda. Voltee a ambos lados y por último arriba de mí, parecía haber alguien sobre el árbol.
– ¿Quién es? ¿Cómo es que puedes verlos también? – pregunté estupefacto y un poco tartamudo.
– El quien soy no tiene importancia, pero puedo decirte que… no somos los únicos que podemos verlos esto es un don que no cualquiera posee – respondió.
– ¿Por qué? ¿Por qué dices que no importa quien eres? Mi nombre es Toshiro y me mude aquí hace unos años. – Intenté mirar su rostro pero me era imposible, era una niña pero no podía verla bien, solo lograba captar ese largo cabello de un castaño claro de un tono manzana.
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– Lo siento, pero la presentación no es necesaria, debo irme y no te preocupes se irán pronto, ELLOS acabarán con los monstruos.
– ¡Espera! ¿Podrías al menos decirme tu nombre? Me gustaría saber el nombre de la primera persona que conozco que posee el mismo don – suplique. Por años me creía loco y resulta que no soy el único que logra verlos.
– Chihaya. –  se despidió y de pronto saltó de aquel árbol y no la ví mas.
– ¡Ryo! ¡Ryo! ¿Por qué tardas tanto? ¡Apúrate tenemos un juego que ganar! – gritaron. Me quedé pasmado ahí unos minutos tratando de procesar lo ocurrido y decidí dejar las cosas como estaban y seguí jugando y con mi vida normal. Ahí fue cuando la conocí por primera vez… Chihaya…
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