Me levanté con la sensación de estar cada vez más lejos de mis anhelos, sin ganas de lucharla, cansado de tener que ser siempre yo. Me había ocurrido muchas veces antes, pero siempre había encontrado la manera de ignorarme y arrancar el día. Esta vez no. Tirado boca arriba en la cama no hice más que hacer la plancha en ese océano pacifico hasta que de repente se abrió sola la ventana y entró el sonido del mundo allá afuera. Me levante a cerrar la ventana, una brisa me sorprendió y en ese momento tuve un pensamiento que me cambio para siempre: lo que estoy buscando también me está buscando a mí. Tener esa infundamentada certeza me alivió y me permitió vivir de otra manera. Estaba perdido, sí, pero no estaba solo. (Arte: Alexander McCulloch)
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