Cloe es una adolescente que vive en las Islas del Caribe, nacida en el año 1876. Nació en un pueblo costero, muy humilde. Su madre, se dedica al diseño de ropa y su padre era un escritor, pero falleció cuando Cloe tenía solo siete años de edad. Antes de morir, su padre le regaló a Cloe un libro de aventuras y le dijo que ella nunca debería dejar de soñar.
Transcurrido el tiempo, la madre de Cloe se volvió a casar con un marinero, y tuvieron un hijo llamado Sean. Cloe, acababa de cumplir diecisiete años y le pidió a su madre, realizar un viaje. La madre, al tener a Sean que era muy chiquito aún como para salir de la casa, no podía realizar ningún tipo de viaje y su padrastro tenía que trabajar, por lo tanto tampoco iba a poder ir. Cloe quedó decepcionada y al anochecer, preparó una mochila, empacó un poco de comida, una brújula y un mapa.
Al día siguiente, antes de la salida del sol, Cloe sale por la ventana de su habitación y se dirige hacia el puerto, en busca del barco de su padrastro. Éste le había dado a Cloe clases de navegación, así que sin dudarlo dos veces, se subió al navío, desató el barco, desplegó las velas y comenzó su viaje, sin destino decidido, solo navegar.
En otro tiempo, otro lugar, otras costumbres, se halla Ethan, un chico de una familia rica y poderosa. Ethan nació en el año 2036, en Estados Unidos. Su madre, es embajadora y su padre presidente. Él tiene veinte años, y siempre tuvo comodidad en su vida, pero siempre necesitó algo que sus padres protectores nunca le pudieron dar: libertad. Ethan sueña con aventurarse en el mar, llegar a una isla donde encuentre a una joven a la que amar. Todas las noches, cuando se acuesta, imagina su viaje, la isla y la joven, siempre la joven.
Ethan se levanta un día, se dirige al baño y al mirarse al espejo se dice:
-Tengo que realizar el viaje con el que sueño todas las noches, me tengo que armar de valor y hablar con mi padre, él me entenderá.-
Baja las escaleras al estudio de su padre. Estaba llenando unos papeles. Golpeó la puerta apenas abierta y entró. Su padre levanta la vista de los documentos y le dice: -Hijo, ¿Sucede algo?-
-Quería hablar contigo sobre algo- responde
-En este momento estoy un poco ocupado. Que sea rápido-
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-Vengo a decirte que voy a realizar un viaje, todavía no decido donde, pero será pronto-
-No podes emprender un viaje, sin antes decidir dónde. Es como la presidencia, no se puede elaborar algo, sin antes planearlo y…- dijo el padre pero Ethan lo detuvo.
-Quiero un viaje con sorpresas, no un viaje planeado, con una ruta determinada, ni nada de eso-
-¡No! Así no funcionan las cosas- responde el padre levantando la voz –Ahora salí del estudio que tengo que terminar con esto-
Ethan salió enojado y cerró la puerta de un golpe.
Fue a la habitación de sus padres, en el escritorio del padre, estaba su billetera, con la tarjeta de crédito. Tomó la tarjeta y salió.
En su cuarto ya estaba preparando un bolso, Su padre no quiso escucharlo y él estaba dispuesto a irse, sin importar las consecuencias.
Salió a la calle, tomó el auto de su padre y se marchó.
Era el cuarto día y Cloe seguía rumbo al Este. No había divisado tierra aún, pero siempre recordaba las palabras de su difunto padre. Estaba muy contenta por lo que había decidido hacer, un poco traviesa, pero contenta al fin.
Ya empezaba a oscurecer y hacía un poco de frío. Cloe se metió en el camarote del barco y se acostó.
De repente cae de la cama. El barco se estaba moviendo bruscamente. Sale a cubierta, y se encuentra con que el barco estaba atravesando una zona rocosa, esto quería decir que encontraría costa dentro de poco. Le pareció raro que se encontrara con tierra tan rápidamente, debido a que antes de irse a dormir, miró el mapa para ubicarse y no había indicio de tierra por ningún lado, durante días y recién estaba por amanecer. Cloe amarra fijo la vela mayor y con el timón, gira hacia estribor y así logra salir de las rocas y llegar a mar abierto nuevamente.
Ethan seguía manejando el auto de su padre sobre la cinta magnética hasta que cruzó el pequeño cartel que le daba la bienvenida al Sur de Carolina. Era de noche, ya que estuvo manejando sin parar desde el centro de Tennessee y cuando llegó a la costa de Charleston fue hacia una cápsula económica donde pasó la tarjeta de su padre y sacó varios dólares.
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Cerca de la playa, estacionó el auto, entro al Hotel Morris, donde fue atendido por una joven morena, alta y delgada. En su uniforme, tenía una tarjeta que indicaba su nombre. Janine. La muchacha se acerca y con una sonrisa le dice:
-Buenas noches señor. Permítame dale la bienvenida al Hotel Morris ¿En qué puedo ayudarle?
Ethan vacila un momento y responde: -Me gustaría pedir una habitación por esta noche-
Janine hace un gesto para que lo siga y le dice: -La recepcionista tomará sus datos-
La recepcionista lo mira y le dice: -Buenas noches. Tenemos diferentes habitaciones, desde una común hasta la Suite. Puede elegir si quiere con vista a la ciudad o hacia el mar. El servicio viene incluido en todas las habitaciones.
Ethan solamente iba a pasar esta noche y a la mañana siguiente buscaría un barco, por lo tanto responde amablemente: -Quiero una habitación simple para una persona y si es posible con vista al mar.-
La chica le toma los datos en la computadora holográfica y al darle la llave le dice:
-Su habitación es la 222. Está en el tercer piso, por el pasillo a la izquierda. Espero que lo disfrute.-
Ethan toma la llave, agradece y se dirige nuevamente a la entrada y le pregunta a la joven morena: -Disculpe, me gustaría tomar un trago, ¿está el bar abierto ahora?- Janine inmediatamente responde: -Por supuesto; por aquel pasillo a la izquierda y luego a la derecha
Ethan sigue por el pasillo y entra al bar. Se sienta en la barra y le pide al barman un whisky
Ya está llegando a la isla y Cloe deja que las olas empujen el barco un poco más cerca, hasta que toca tierra y lanza el ancla. No le hace falta soltar el bote, simplemente suelta una cuerda para deslizarse por ella y llegar a la orilla.
La noche anterior se había quedado sin comida, y agradecida por haber encontrado tierra, se dirige a una pequeña jungla que está frente a ella, con la esperanza de encontrar comida y  no ser ella comida de nadie.
No tiene que adentrarse mucho hasta que encuentra un pequeño banano y toma todos los frutos que ve bastante maduros, y da la vuelta para volver al barco. Durante el regreso piensa que debería planificar un inventario y encontrar agua antes que su reserva se agote, así que al subir al barco con las bananas que encontró, se dirige al camarote y luego a lo que ella había convertido en cocina.
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El barco es bastante grande. El camarote principal es una habitación con una cama grande, un escritorio donde están los mapas, la brújula y otras cosas del padrastro que en algún momento revisaría. Al fondo a la izquierda hay una escalera que conduce a la parte inferior donde está la cocina, que en realidad era otra habitación donde hay una pequeña mesa con dos sillas, un mueble que contiene cosas de caza y pesca y estantes con una olla, unos cubiertos, dos vasos y dos platos. A la derecha, estaba el baño. Básicamente el barco está equipado para dos personas y Cloe piensa que podría convertirlo en su casa temporalmente. Ella no quiere regresar aún, tampoco sabe cómo, pero eso es lo menos importante. Quiere pasar tiempo en esta isla, descubrir lo que se hallaba en ésta.
Se dirige a la cocina, deja las bananas, excepto una. Luego vuelve a la habitación principal y comienza a escribir el inventario con las cosas que tiene y las que necesita.
Esta sentado tomando el whisky, cuando escucha a sus espaldas, unos hombres hablando sobre que necesitan a un tripulante suplente, debido a que uno se accidentó y no podría realizar la labor diaria en el barco.
Ethan piensa que era la oportunidad perfecta, así que acaba su bebida de un trago y se acerca a la mesa donde están los hombres, quienes lo miran y antes de que pudieran decir algo, Ethan se apresura y dice:
-Buenas noches caballeros. Escuché que necesitan un tripulante más y me preguntaba  si podría unirme. Estoy buscando un barco y me parece buena idea no navegar solo. No tengo destino que seguir, así que los escucho.
Los hombres se miran entre sí, luego a Ethan, y uno de ellos se pone de pie, le extiende la mano y le dice:
-Buenas. Soy el capitán de esta tripulación, Jack. Mucho gusto…-
-Ethan, capitán. Un gusto también-
Jack le hace un gesto para que tome asiento, se sienta y continúa: -Ethan, con respecto a lo que escuchaste. Es cierto que necesitamos a alguien más, debido a un inconveniente. Es un trabajo fácil, si sabes cocinar, por supuesto-
Ethan agradeciendo en su mente a su madre por haberle pagado los cursos de gastronomía durante tres años, responde:
-Es una excelente coincidencia, ya que estudié gastronomía en Tennessee hace cuatro años, así que imagino que no es un problema- responde con gracia.
Jack con una sonrisa en la cara responde alegremente:
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-Bienvenido a bordo, Ethan. Zarparemos mañana con destino a África. Te estaré esperando en el puerto. Hasta entonces- Le da la mano. Se ponen de pie y se marchan. Ethan sale detrás de ellos, va hacia el ascensor, aprieta el botón con el número tres. Cuando se deslizan las puertas, sale, gira a la izquierda hasta llegar a la habitación correspondiente, abre la puerta y entra.
Cloe termina el inventario, revisa que no falte nada. A demás de bananas, tiene harina y varios huevos que ya estaban en el barco. También especias. Un barril con agua suficiente para dos días más, pero si quiere sobrevivir, tiene que volver a la jungla a buscar agua dulce.
Cuando sale a cubierta, un sol espléndido impacta en su piel y piensa que es perfecto para darse un baño. Baja por la cuerda, se saca la ropa y deja que el agua del mar se deslice por su cuerpo.
Cuando termina, se vuelve a vestir, sube al barco, entra al camarote, vacía la mochila que había preparado antes de marcharse y busca un libro de su padre. Se recuesta en su cama y comienza a leerlo por tercera vez. Era su libro preferido. Su padre se lo obsequió cuando cumplió seis años. Se trataba de un libro de aventura “Relato de un náufrago”, pensó que su aventura no se parecía mucho a la que ella había comenzado a realizar, pero aun así, comenzó a leerlo.
Llegó hasta el capítulo VII lo que le recordó que debía ir en busca de comida, por lo que, se le levanta de la cama, deja el libro sobre el escritorio y baja las escaleras hacia la cocina. Allí toma una canasta, un cuchillo y una cantimplora y sube nuevamente. Cloe mete el cuchillo y la cantimplora en la mochila y ata la canasta a ella, para poder deslizarse por la cuerda.
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Una vez abajo del barco, con el sol en alto, entra en la jungla nuevamente, adentrándose y observando detenidamente los alrededores y los árboles. Camina y camina, hasta que escucha el sonido de agua cayendo y comienza a correr siguiendo el sonido. Una hermosa cascada, brillaba y chocaba contra las piedras, formando una pequeña laguna debajo. Cloe queda fascinada, el aroma del agua fresca llega a su nariz, inundando sus sentidos, la piel se le erizaba con el dulce sonido. Jamás se sintió tan relajada. Se acerca a la cascada y bebe de ella, dejando que el sabor dominara en su boca. Saca la cantimplora y la llena.
Luego, piensa que cerca podría encontrar frutos u otras cosas, así que se dispuso a buscar. No se equivocó, no muy lejos de la cascada encontró manzanas, naranjas, paltas y cocos. Llena la canasta con las más frescas y dos cocos grandes que parecía tener mucho jugo. Encantada y orgullosa, da gracias a la tierra y regresa al barco.
Ya se despertó, y el servicio le había dejado una bandeja con el desayuno en el living. Desayuna, sale de la habitación, y se dirige a pagar y devolver la llave a la recepcionista.
Al salir del hotel, se dirige al auto, deja la tarjeta del padre, toma su bolso, cierra la puerta y pone la clave se seguro. Antes de ir, va hacia una cabina de mensajes y comienza a redactar:
“Tu auto y tu tarjeta están en el estacionamiento del Hotel Morris, en la ciudad de Charleston, Sur de Carolina.
No intentes buscarme, porque no me vas a encontrar. Estaré bien. No te preocupes. Saludos a mamá.
Ethan”
Envía el mensaje y camina hacia el puerto. Jack está hablando con un hombre de gran edad, cuando lo ve, lo saluda con la mano en alto diciendo que se acerque. El hombre se marcha y Ethan saluda a Jack estrechándole la mano y le dice:
-Espero no haber llegado muy tarde.-
Jack sacude la cabeza y responde:
-Llegaste junto a tiempo. Ven conmigo, te enseñaré el barco. Estamos a punto de zarpar.-
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Ethan sigue a Jack hasta la cubierta del barco, donde presenta a los tripulantes, luego lo guía hasta los camarotes donde duermen. Allí, Ethan deja su bolso en una cama vacía y Jack lo conduce hasta la cocina. Le explica los horarios del comedor y que comidas solía preparar el antiguo chef. Cuando Jack abandona la cocina, dejándolo solo, Ethan hizo un recuento y un inventario en el anotador digital que lleva a todos lados. En la alacena hay tres bolsas de papas, dos de cebolla, mucha variedad de carne, varios zapallos, manzanas, bananas y naranjas. También hay comida instantánea como fideos y arroz y varias cápsulas que al colocarlas en el microondas u horno, se convierten en un plato con variedad abundante de comida. Entonces hizo un menú con las comidas que puede preparar y al terminar, mira la hora de su reloj y se dijo a sí mismo que todavía faltaban tres horas para el almuerzo, así que puede darse el lujo de descansar un poco.
En la cubierta del barco, Ethan estaba apoyado sobre la baranda del lado izquierdo, mirando hacia el océano, cuando el Capitán Jack se acerca, se coloca a su lado y dice:
-Estuve pensando en lo que dijiste en el bar, sobre que no tienes un destino determinado y la curiosidad me condujo a preguntarte ¿Cuál es el motivo por el cuál de adentras en el océano?
Ethan piensa por un momento la respuesta indicada hasta que contesta:
-Probablemente es una locura y quién sabe si tendré éxito. Hay dos razones por las cuales estoy haciendo esto; la primera, es la libertad. Nunca hice nada por mi propia voluntad, siempre fue decisión de mis padres. La segunda razón es la parte loca-
Jack lo mira con un gran signo de interrogación en la cara y Ethan continúa:
-Estoy persiguiendo un sueño que da vueltas por mi cabeza todo el tiempo-
A esta respuesta, Jack vuelve a preguntar:
-¿Y sobre qué trata ese sueño?-
-Una isla y una joven- responde Ethan.
-Una historia de amor dice Jack, como si estuviera analizando en voz alta –Entonces amigo mío, estas en el lugar correcto, y te deseo mucha suerte.- Luego se da la vuelta y se marcha.
Ethan vuelve la vista hacia el océano.
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Deja su hallazgo en la cocina, junto con las demás cosas y toma la caña y la red de pescar. Cuando llega a cubierta, sube al bote que cuelga a su derecha y la baja lentamente hasta que choca contra el agua, toma el remo y se adentra, no mucho, en el mar. Primero intenta con la red de pescar, pero no hay caso, luego con la caña y espera que algún pez pique. A decir verdad, Cloe nunca fue demasiado buena en la pesca, a pesar de haber nacido crecido en una isla, donde la mayor actividad era la pesca. Su padre la llevaba a pescar cuando era chica y con él siempre era más fácil. Al recordar esto, unas lágrimas caen por sus mejillas, las limpia, mira al cielo y en voz alta dice:
-Padre, sé que me escuchas, puedo sentirlo. Quiero pedirte que me ayudes a pescar como cuando era chica.-
Y como si el padre estuviese sosteniendo la caña junto a Cloe, un pez pica y con un movimiento veloz, levanta la caña y la conduce hasta el centro del bote, donde toma al pez, y con un cuchillo, termina de matarlo. –Una caballa- dice, y silenciosamente da las gracias al padre, pone otra carnada en el anzuelo y larga nuevamente.
Regresa a la playa con una caballa y un atún. Estaba muy contenta. Ata el bote con un nudo firmemente al barco y descarga el balde con los pescados. Luego busca en la jungla leña para poder cocinar la caballa, arma una pira ordenada con ramas, y con dos piedras que saca de su bolsillo, una de pirita y la otra de sílex, las raspa una contra la otra un par de veces sobre la pira hasta que largan chispas y encienden las ramas. Cloe mantiene el fuego un rato largo hasta lograr que se formen varias brasas y busca una piedra lo suficientemente plana y fina para poder cocinar la caballa ahí. Finalmente, come la caballa sin condimentas, pero cuidadosa de no tragar ninguna espina, apaga el fuego con la arena y sube al barco. Allí se sienta frente al timón del barco y deja que el sol y la fresca brisa del mediodía acaricien su piel.
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De vuelta en la cocina, Ethan se decide a preparar un estofado. La bebida de acompañamiento para éste, será el ron. Ethan piensa cuán irónico era, ya que en muchas películas que había visto, los piratas siempre estaban tomando ron. Rio y por ese instante no estaba preocupado por nada, ni en el pasado ni en el futuro, solo vive el presente. Termina de cocinar y llama a la tripulación al comedor para almorzar. Ethan se sienta junto al capitán. Al terminar todos satisfechos por la comida, Jack felicita a Ethan por el excelente trabajo y le dice que vaya a dormir una siesta con los demás. Ethan, se dirige a los camarotes, llega a la cama que había elegido como suya, se acuesta y sin darse cuenta, se queda dormido.
La voz del Capitán Jack, retumba en su cabeza, alarmante y dando firmes órdenes. Ethan se levanta sobresaltado y sale a tropezones del camarote. En cubierta, una enorme tormenta, sacudía el barco bruscamente. Ethan, sin éxito, intenta no caer para llegar a agarrar una cuerda que se movía para todos lados como loca. Cuando logra agarrarla, la ata firmemente y se dirige a Jack, quien estaba agarrando con mucha fuerza el timón.
-¡Capitán!- grita un hombre con un catalejo en la mano ubicado en la proa del barco –Si nos desviamos veinticinco grados al Sur, lograremos salir de la tormenta enseguida- terminó.
Jack mira en esa dirección y Ethan hace lo mismo. Es verdad, piensa. Hay sol y el mar se ve calmado por esos lados. El capitán comienza a dar órdenes a los demás y en menos tiempo de lo que hubiese imaginado, ya estaban fuera de la tormenta. Un rato más tarde, el mismo hombre vuelve a gritar:
-¡Tierra a la vista!-
Ethan, al ver la isla, queda perplejo. Era la isla de su sueño, esa isla donde encuentra a la joven. Corre hacia Jack y le dice:
-¡Ahí! Debo ir a esa isla. Como te había dicho antes, había dos motivos por el cuál decidí embarcarme en este viaje. Uno de ellos, era el sueño con la isla y la joven ¿lo recuerdas?
Jack asiente con la cabeza, y Ethan continúa:
-Bien, esa es la isla de mi sueño.-
Jack le pone una mano el en hombro y dice:
-¿Entonces que estamos esperando? Te acercaré lo que más pueda.-
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Enseguida puso el barco en esa dirección y cuando estuvo bastante cerca, Ethan con su bolso ya en la mano, sube al bote auxiliar y despidiéndose y agradeciendo, se aleja.
Con dos baldes en la mano, Cloe deja la cocina y en la habitación principal, agarra la mochila, cuelga los baldes una a cada lado y antes de bajar dice:
-Debería armar un sistema para subir los baldes cuando estén cargados de agua-
Dicho y hecho, agarra una cuerda, la pasa alrededor de uno de los mástiles que sostienen las velas y arroja los extremos afuera del barco. Cuando baja, agarra las dos puntas de la cuerda que había arrojado anteriormente y las presiona contra la arena con una piedra, de modo que no se vuelen.
Camina despacio y tranquila hasta llegar a la cascada. –Este lugar siempre me relaja- piensa. Luego se agacha y comienza a llenar los baldes mientras canta una canción.
No le costó mucho remar hasta la costa. El mar, por suerte, estaba bastante tranquilo. Empuja el bote hasta que quedó sobre la playa. Ethan mira hacia el lado de la jungla -¡Es hermosa!- exclama tan fuerte que prácticamente lo gritó. Y sin pensarlo, se cuelga el bolso a la espalda y camina y camina adentrándose cada vez más adentrándose en la familiar jungla.
De repente lo escucha. La voz de una mujer. Está cantando. Reconoce el sonido del agua detrás de esa hermosa voz. Camina siguiendo el canto, cada vez más cerca y cuando sale de entre las plantas la ve ahí agachada. Su espeso pelo naranja cae por sus hombros y sus ojos verdes iluminados por el reflejo del agua. Ya no cantaba más, solo tarareaba. No se percató de su presencia, entonces Ethan se acerca un poco más.
Cloe terminó de llenar los baldes y cuando se pone de pie, un chico la estaba mirando. Tiene el pelo medio despeinado de color negro y unos brillantes ojos azules.
-¿Quién eres?- pregunta Cloe
-¡Oh! Disculpa. Mi nombre es Ethan ¿Y el tuyo?-
-Cloe- responde sonriendo -¿Eres habitante de la isla?-
Ethan parece confundido, pero responde –La verdad que acá de llegar en un bote, e imagino que si me preguntaste eso, vos tampoco eres de esta isla.-
-No, llegué hace dos días nada más- Cloe responde rápidamente.
Ethan estaba confundido, pero asombrado por su belleza. Era la joven con la que soñaba.
-Si estás hace dos días acá, debo suponer que encontraste o construiste un refugio ¿no es así?-
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Ethan notó que Cloe dudó un poco antes de responder, hasta que finalmente dice:
-Estoy viviendo en el barco en el que llegué aquí. Por ahora no recorrí mucho la isla, así que no puedo decir si hay o no casas construidas. ¿Tú no tienes dónde quedarte, verdad?-
Esa pregunta sorprende a Ethan, la verdad que no había pensado en ese detalle en absoluto, por lo tanto dice:
-Sinceramente, no. De hecho, no había pensado en eso, ni siquiera antes de llegar-
-Bueno, supongo que no tienes problema de venir conmigo. Por ahora somos los únicos que estamos es esta isla y no vendría mal alguien con quien hablar- dijo Cloe tímidamente.
-Una oferta difícil de rechazar- dijo Ethan.
Toma los baldes y comienza a caminar detrás de ella.
Cloe camina muy distraída. Recién lo conoce y ya le ofrece ir con ella. -¿Habría hecho mal?- ¡No! Sacude ese pensamiento de la cabeza. La madre le había enseñado a ser generosa. Ethan no tenía donde quedarse y además parece un buen chico. Lo mira sobre su hombro. Él estaba observado curioso hacia alrededor, parecía un niño pequeño mirando a sus padres pescar. Se tapa la boca con las manos para evitar reír.
Llegaron hasta la playa frente al barco, entonces Ethan pregunta sorprendido:
-¿Llegaste vos sola en eso?-
-Si- responde Cloe.
-Es un barco muy grande como para manejarlo solo- piensa Ethan, entonces se acerca junto a Cloe, ella trepa por una cuerda y le grita:
-¡Ata uno de los baldes a la cuerda que está al lado tuyo y ayúdame a subirlo!-
Él hace exactamente lo que le dijo y luego con el segundo balde. Cuando termina, coloca los extremos de la cuerda como estaban antes e imitando a Cloe, trepa por la otra cuerda.
El barco de verdad es grande. Cloe le muestra la habitación, luego la cocina y el baño. En la cocina ella está cargando un barril con el agua que trajo en los baldes. Ethan mira que tenía varias frutas y un atún de tamaño mediano.
-¿Esto lo conseguiste en la isla?- pregunta señalando las frutas.
Cloe se da la vuelta para ver lo que estaba señalando y dice: -Si, están de camino a la cascada. Creí que los habías visto-
-Ni me percaté- responde Ethan, más para sí que para ella.
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Pasan los días, Ethan y Cloe se hacen muy cercanos. Conocen nuevos lugares en la isla e incluso construyen una pequeña casa, de esa manera de ahorran el trabajo de subir y bajar por esa cuerda todos los días. Ethan se había enamorado de ella, pero no se anima a decirle nada por miedo a quebrar el lazo que crearon. Cloe también empezó a sentir cosas por él, pero tampoco dijo nada.
Estaba oscureciendo. Ethan ya está encendiendo una fogata para cocinar dos caballas  ve que Cloe sale de la casa con platos, cubiertos, vasos y una cantimplora con agua. –Cada día más linda- piensa él.
Cuando terminan de comer. Se acuestan sobre la arena, mirando las estrellas. El fuego se consumió, dejando brasas. La luna, recién se estaba asomando detrás de ellos.
Ethan se coloca de costado, contemplando la belleza de Cloe. Quiere besarla, abrazarla.
-Eres hermosa- le dice en un susurro.
Al escuchar esto, Cloe lo mira. La intensidad de su mirada, hace que su corazón se acelere.
-Vos también- responde sentándose a su lado.
Ethan sonríe y se sienta, cerca, frente a ella. Se acerca cada vez más hasta alcanzar sus labios. Un estallido de felicidad, recorre todo su cuerpo, los labios de ella eran muy suaves y el beso, delicioso.
Cloe no podía creerlo. Por fin se siente liberada. El beso apasionado de Ethan y sus brazos alrededor de ella, hacen que se sienta feliz y segura. Ella lo ama, no tiene duda.
Luego comienza a sentir la mano de Ethan deslizado la tira de su vestido por su brazo. No puede detenerlo, no quiere. Siente que es lo correcto.
Y ahí están, acostados, abrazados, dejando que el amor, el deseo y el placer dominen sus cuerpos, bajo la luz de la luna, ambos, amándose.
Ethan cae de la cama, el sonido de su celular, sonando sin parar. Estaba en su cuarto.
De repente, Cloe abre los ojos. Golpean la puerta. Es su madre con el desayuno.
 
FIN
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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