Estabas en la placita, en medio de boulevard,
con tu campera de cuello de piel marrón,
tu gorra y la carterita debajo del brazo.
Mirabas a ambos lados, buscando.
Un taxi, pensé...
Y quise alcanzarte.
Y no podía cruzar.
Y te llamé...
¡Papi! ¡Papi!
Me sorprendió mi voz
(voz de niña)
¡Papi...!
Y no me escuchaste.
Y no me viste.
Y el tráfico me impidió llegar.
Y cuando volví a mirar
ya te habías ido...

Patricia E. Álvarez Celia
 
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