Soy humana
Me miran como un faro
que nunca se apaga,
un templo de asfalto
que no sabe de heridos;
asumen que el pecho
no sufre ni vaga,
que tengo los mapas
de mundos perdidos.
Creen que la mente,
por ser estudiada,
se vuelve inmune
al invierno y al daño,
que soy una máquina
bien programada
capaz de evadir el
dolor más extraño.
Pero pedirle a mi alma
que nunca se agriete,
es pedirle al médico
que nunca enferme
del virus que limpia
con tanto desvelo.
Conozco las leyes,
sé usar la estructura,
conozco el desborde
y su plan de gestión;
mas saber el nombre
de la quemadura
no evita que queme
en el propio corazón.
Porque también
soy humana.
Porque también
necesito atención.
Porque detrás de esta bata
y diván desgastado,
también necesito
una mano vecina,
un puerto seguro,
un sostén, un favor.
No me quita lo humano
saber la respuesta,
al contrario, me acerca
doblemente al abismo.
Nuestras mentes también requieren paz.
Un cable a tierra.
Un abrazo.
Una luz.
Soy psicóloga con alto honor.
Más mi pecho es humano.
No soy solo un motor
que no pide atención.
Sostengo una vida
dando mi mano,
mientras busco, en silencio,
mi propia sanación.

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