Sígueme las huellas
Matías y Paulo eran dos grandes amigos que vivían al sur de los Estados Unidos. Se habían criado juntos; pues sus padres trabajaban en la misma fábrica de alimentos y eran vecinos, Matías tenía 16 años y Paulo 15; se veían muchas horas al día; aunque iban en la misma escuela; estaban en diferentes grados.
Vivian a treinta metros de un bosque, siempre habían deseado echarle un vistazo, pero la gente murmuraba que hace unos años atrás; en ese bosque había vivido un ser extraño y maléfico, unos decían que era un monstruo y otros que se trataba de un caníbal. Pero de lo que si muchas personas estaban convencidas era que en esa época habían desaparecido varias personas.
Matías era un tanto incrédulo; pensaba que solo eran cuentecillos de la gente, mientras que Paulo había creído todo lo que decían. Los padres de ambos nunca les habían hablado de eso, tal vez porque del tiempo que han llevado viviendo en ese lugar no había pasado nada para lamentarse.
El 10 de octubre se iva a organizar una pequeña celebración por los cumpleaños del jefe de policía de esa zona, todos tenían que aportar algo; ya fuera material o estar dispuesto a servir. Todos gozaron de la fiesta, unos se embriagaron hasta tarde pero otros se fueron muy temprano; Matías y Paulo estaban jugando cartas cuando los padres de ambos habían decidido ya retirarse, pero los dos muchachos insistieron en quedarse un rato más y así fue.
Cuando terminaron unas partidas más; decidieron irse a casa, por el camino iban riéndose y tirando piedritas. De repente escucharon como una ola; pero no había ni siquiera un rio cerca, ambos se paralizaron y se quedaron mirándose fijamente.
-Amigo no es nada- dijo Matías
-No estoy seguro de lo que haya sido; pero ya quiero llegar a casa-
Ambos aceleraron sus pasos pero el mismo sonido se producía una y otra vez. Matías estaba tranquilo, se quería reír de la cara de miedo que tenía Paulo pero se contenía por no hacer que su amigo se enojase.
Cuando estaban cerca, Paulo se quedó mirando fijamente la entrada del bosque al que le temía.
-¿Qué es eso?- le preguntó a Matías
-Parece un juguete y valla que es una sorpresa porque tal parece que alguien lo ha dejado tirado, vallamos a recogerlo-
Paulo enseguida lo miro con cara de enojo, el no sería capaz de acercarse a ese objeto y lo único que deseaba era llegar a casa y olvidarse de todo. Pero Matías estaba decidido a acercarse y recoger lo que allí estaba tirado.
Paulo se quedó observándolo desde donde estaba.
-Es solo una máscara Paulo- le dijo
-Tírala y vámonos-
-No seas tan miedoso amigo, ven y echémosle un ojo al bosque-
-Estás loco, acaso no has oído lo que dicen-
Matías se empezó a reír a carcajadas; le hacía señas a Paulo de que se acercara pero el parecía no acceder.
-Ya veo que eres un miedoso, entrare yo si tu no quieres-
Paulo duro en silencio unos segundos, sentía miedo por quedarse solo; si dejaba que Matías fuera a ese bosque tendría que llegar hasta su casa solo, pero tampoco quería entrar a ese bosque.
Matías dio otros pasos y ya algunos arbustos le impedían seguir viendo a Paulo; se decidió por emprender su camino, Paulo tarde o temprano lo seguiría porque le aterraba quedarse solo.
Solo miraba una gran cantidad de árboles sin nada diferente a otro bosque, no entendía que había en el para que la gente se asustara; hasta se escuchaban algunos sonidos de animales.
Matías comenzó a escuchar algunos pasos detrás de los suyos y supuso que era Paulo pero ya estaba algo oscuro y no quería perderse o caerse, así que dijo en voz alta:
-Devolvámonos Paulo, ya es tarde-
Caminaba un poco rápido pero no veía la sombra de Paulo; ni siquiera sus huellas en la tierra. Cuando volvió al lugar a donde se había quedado paradote Paulo, vio que él estaba ahí.
-Ya sabía que también ibas a entrar a echar un vistazo amigo- le dijo
-Ni siquiera asome mis narices, he estado aquí-
-Escuche tus pasos Paulo; pero no importa, vámonos ya-
Ambos llegaron a sus casas y se acostaron a dormir de una vez. Al otro día todo estaba muy tranquilo y como siempre pero Matías sabía que tenía que pasearse un rato por el bosque; era de día y así podría contemplar el bosque, aún conservaba esa mascara que parece el rostro de un niño; era un poco real y no se explicaba que hacia tirada allá.
Paulo desde su ventana vio como Matías llevaba un bolso e iba en dirección al bosque, así que decidió seguirlo.
Paulo se quedó mirándolo unos segundos mientras que Matías seguía avanzando por el bosque y tomaba fotografías, no veía nada extraño y optó por seguir las huellas de Matías para alcanzarlo y demostrarle que no era tan miedoso como él decía.
Paulo se tropezó y cayó al piso, enseguida recogió el objeto que lo había hecho caer; se sorprendió al ver que también era una máscara y no era la misma que conservaba Matías, esta aunque también era dura y del mismo tamaño; tenia era la imagen de una niña, en ese momento le empezó a entrar los nervios y el miedo; empezó a correr para alcanzar a Matías y convencerlo de salir de allí, esas mascaras debían tener un misterio.
Cada vez Paulo se adentraba más al bosque y no lograba ver a Matías, era como si la tierra se lo hubiera tragado. Decidió llamarlo a gritos pero no le respondía, las huellas seguían intactas pero Matías no aparecía.
Logro ver la cámara de Matías encima de una rama, la tomo y empezó a mirar las fotos, muchas eran de árboles y flores pero después veía fotos con fondo negro; la dejo caer y la piso, empezó a temblar del susto ya que no tenía la mínima idea del paradero de su amigo.
No sabía qué hacer, lo primero que se le ocurrió fue devolverse para pedir ayuda. Corría desesperadamente, esperaba que no fuera tarde para ayudar a su amigo. Al salir del bosque se encontró el bolso de Matías tirado y sucio; se acercó y lo recogió; pero estaba totalmente vacío. Lo abrazo y empezó a llorar a gritos, estaba seguro de que su amigo había sido víctima de alguien en ese bosque. Dirigió su mirada hacia atrás y había una máscara en el mismo sitio donde el día anterior Matías había recogido una de ellas, fue lentamente y la observo unos instantes; era el mismo retrato de su amigo.
Paulo corrió lo más que pudo hasta llegar a su casa y pedir ayuda, pero no era capaz ni de pronunciar una palabra; estaba helado.
-El bosque tiene a mi amigo- fue lo único que dijo
Los padres de Matías empezaron a llorar fuertemente y a maldecir el bosque, estaban seguros de que su hijo no volvería como les había ocurrido a otras personas hace años atrás.
Paulo dedujo que se trataba sin duda de un monstruo que no solo tenía la habilidad de capturar a las personas para matarlas o comerlas; sino también de realizar las marcaras con el retrato de la cara de sus víctimas.
Vivian a treinta metros de un bosque, siempre habían deseado echarle un vistazo, pero la gente murmuraba que hace unos años atrás; en ese bosque había vivido un ser extraño y maléfico, unos decían que era un monstruo y otros que se trataba de un caníbal. Pero de lo que si muchas personas estaban convencidas era que en esa época habían desaparecido varias personas.
Matías era un tanto incrédulo; pensaba que solo eran cuentecillos de la gente, mientras que Paulo había creído todo lo que decían. Los padres de ambos nunca les habían hablado de eso, tal vez porque del tiempo que han llevado viviendo en ese lugar no había pasado nada para lamentarse.
El 10 de octubre se iva a organizar una pequeña celebración por los cumpleaños del jefe de policía de esa zona, todos tenían que aportar algo; ya fuera material o estar dispuesto a servir. Todos gozaron de la fiesta, unos se embriagaron hasta tarde pero otros se fueron muy temprano; Matías y Paulo estaban jugando cartas cuando los padres de ambos habían decidido ya retirarse, pero los dos muchachos insistieron en quedarse un rato más y así fue.
Cuando terminaron unas partidas más; decidieron irse a casa, por el camino iban riéndose y tirando piedritas. De repente escucharon como una ola; pero no había ni siquiera un rio cerca, ambos se paralizaron y se quedaron mirándose fijamente.
-Amigo no es nada- dijo Matías
-No estoy seguro de lo que haya sido; pero ya quiero llegar a casa-
Ambos aceleraron sus pasos pero el mismo sonido se producía una y otra vez. Matías estaba tranquilo, se quería reír de la cara de miedo que tenía Paulo pero se contenía por no hacer que su amigo se enojase.
Cuando estaban cerca, Paulo se quedó mirando fijamente la entrada del bosque al que le temía.
-¿Qué es eso?- le preguntó a Matías
-Parece un juguete y valla que es una sorpresa porque tal parece que alguien lo ha dejado tirado, vallamos a recogerlo-
Paulo enseguida lo miro con cara de enojo, el no sería capaz de acercarse a ese objeto y lo único que deseaba era llegar a casa y olvidarse de todo. Pero Matías estaba decidido a acercarse y recoger lo que allí estaba tirado.
Paulo se quedó observándolo desde donde estaba.
-Es solo una máscara Paulo- le dijo
-Tírala y vámonos-
-No seas tan miedoso amigo, ven y echémosle un ojo al bosque-
-Estás loco, acaso no has oído lo que dicen-
Matías se empezó a reír a carcajadas; le hacía señas a Paulo de que se acercara pero el parecía no acceder.
-Ya veo que eres un miedoso, entrare yo si tu no quieres-
Paulo duro en silencio unos segundos, sentía miedo por quedarse solo; si dejaba que Matías fuera a ese bosque tendría que llegar hasta su casa solo, pero tampoco quería entrar a ese bosque.
Matías dio otros pasos y ya algunos arbustos le impedían seguir viendo a Paulo; se decidió por emprender su camino, Paulo tarde o temprano lo seguiría porque le aterraba quedarse solo.
Solo miraba una gran cantidad de árboles sin nada diferente a otro bosque, no entendía que había en el para que la gente se asustara; hasta se escuchaban algunos sonidos de animales.
Matías comenzó a escuchar algunos pasos detrás de los suyos y supuso que era Paulo pero ya estaba algo oscuro y no quería perderse o caerse, así que dijo en voz alta:
-Devolvámonos Paulo, ya es tarde-
Caminaba un poco rápido pero no veía la sombra de Paulo; ni siquiera sus huellas en la tierra. Cuando volvió al lugar a donde se había quedado paradote Paulo, vio que él estaba ahí.
-Ya sabía que también ibas a entrar a echar un vistazo amigo- le dijo
-Ni siquiera asome mis narices, he estado aquí-
-Escuche tus pasos Paulo; pero no importa, vámonos ya-
Ambos llegaron a sus casas y se acostaron a dormir de una vez. Al otro día todo estaba muy tranquilo y como siempre pero Matías sabía que tenía que pasearse un rato por el bosque; era de día y así podría contemplar el bosque, aún conservaba esa mascara que parece el rostro de un niño; era un poco real y no se explicaba que hacia tirada allá.
Paulo desde su ventana vio como Matías llevaba un bolso e iba en dirección al bosque, así que decidió seguirlo.
Paulo se quedó mirándolo unos segundos mientras que Matías seguía avanzando por el bosque y tomaba fotografías, no veía nada extraño y optó por seguir las huellas de Matías para alcanzarlo y demostrarle que no era tan miedoso como él decía.
Paulo se tropezó y cayó al piso, enseguida recogió el objeto que lo había hecho caer; se sorprendió al ver que también era una máscara y no era la misma que conservaba Matías, esta aunque también era dura y del mismo tamaño; tenia era la imagen de una niña, en ese momento le empezó a entrar los nervios y el miedo; empezó a correr para alcanzar a Matías y convencerlo de salir de allí, esas mascaras debían tener un misterio.
Cada vez Paulo se adentraba más al bosque y no lograba ver a Matías, era como si la tierra se lo hubiera tragado. Decidió llamarlo a gritos pero no le respondía, las huellas seguían intactas pero Matías no aparecía.
Logro ver la cámara de Matías encima de una rama, la tomo y empezó a mirar las fotos, muchas eran de árboles y flores pero después veía fotos con fondo negro; la dejo caer y la piso, empezó a temblar del susto ya que no tenía la mínima idea del paradero de su amigo.
No sabía qué hacer, lo primero que se le ocurrió fue devolverse para pedir ayuda. Corría desesperadamente, esperaba que no fuera tarde para ayudar a su amigo. Al salir del bosque se encontró el bolso de Matías tirado y sucio; se acercó y lo recogió; pero estaba totalmente vacío. Lo abrazo y empezó a llorar a gritos, estaba seguro de que su amigo había sido víctima de alguien en ese bosque. Dirigió su mirada hacia atrás y había una máscara en el mismo sitio donde el día anterior Matías había recogido una de ellas, fue lentamente y la observo unos instantes; era el mismo retrato de su amigo.
Paulo corrió lo más que pudo hasta llegar a su casa y pedir ayuda, pero no era capaz ni de pronunciar una palabra; estaba helado.
-El bosque tiene a mi amigo- fue lo único que dijo
Los padres de Matías empezaron a llorar fuertemente y a maldecir el bosque, estaban seguros de que su hijo no volvería como les había ocurrido a otras personas hace años atrás.
Paulo dedujo que se trataba sin duda de un monstruo que no solo tenía la habilidad de capturar a las personas para matarlas o comerlas; sino también de realizar las marcaras con el retrato de la cara de sus víctimas.
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