SEÑALES
El mundo de ternura que crecía entre su boca y la mía
de repente duraba un segundo
antes de que la lágrima
saliera a rodar alrededor de mi mejilla,
tan así como una rueda;
era el olvido y jamás lo supe,
de haberlo sabido hubiera preferido que su estirpe
no se perdiera en el luto de las vertientes.
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