No puedo entender a mi cerebro,
no puedo captar a mi corazón
y mucho menos deletrear mis manos;
destinada a las peripecias,
a lo que se lleva en los ojos
y a lo que se sueña,
voy a orillas del músculo brillando Dioses inflados y crema líquida,
entre un negro muy negro que se pone gris,
un blanco muy blanco solo por la mitad,
una casa sin puertas laterales y con solo una ventana 
y un alguien con un pomo de témpera,
alguien por ahí, entre néctares,
alguien que busco en mi intemperie,
en mi silueta de chocolate
y en los cuadrados de lana;
¿por qué no buscarlo en mi religión,
o en estos tubos de arsénico?  
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