Tentados por el deseo nos exploramos el cuerpo
 entre amapolas de azúcar y sabores extranjeros 
y unos cientos de lunares delineados por los vientos...
los senos ungían mieles de algún otoño viajero
y asediados por las ganas duplicamos los intentos
en un germinar constante de bocas,
labios y besos,
de frutas abrillantadas, 
de manos de caramelo, 
devorando los espacios,
del rincón al recoveco: 
del grito hasta este silencio. 


50

Cargando comentarios...