03.06.10
Romanticidio.
Me dejare atrapar por cada soga de amor, belleza, ternura y todo aquello que brota de la esencia de las femeninas, cometeré un romanticidio que sea recordado por cada ser mortal que habite sobre el umbral de este planeta, moriré de amor y reencarnare en pasión, subiré a los altares lunares y gritare al mundo que soy un rapsoda caminante buscando esa persona indicada o errada que me de conocer la manera perfecta de cometer mi romanticidio.
Quiero perderme en los caminos de amores olvidados, para caer en el precipicio oscuro del olvido, saltar en este sin dudar.
Tomaré del veneno agridulce de un beso besado por la traición.
Me ahorcaré con los brazos de un abrazo verdadero y pasajero, mientras pierdo el aire, la mirare a los ojos y veré como sonríe.
Me volaré la tapa de los sesos con un tiro percutido por la magnum de una palabra que se introdujo en mi sien con el zumbido de un “Adiós”
Me ahogaré, en el agua estancada, de una cantera abandonada, lejos a los pies de la cordillera, en donde las aguas de miles de caricias humedezcan mi cuerpo, llenen mis pulmones y ya no pueda más respirar el aroma de estas.
Tratare de lanzarme al fuego de una pasión desenfrenada.
Cortaré mis venas con el filo de una daga que por nombre tiene Viviana.
Me drogare e intoxicare, con pastillas de los nombres de las mujeres que he tenido, besado, pololeado, gustado, interesado y que me hayan atraído.
No comeré nada, no me alimentare de su belleza, cerrare mis ojos y moriré de inanición de su necesario alimento.
No beberé del agua de sus palabras.
Solo cometeré mi romanticidio y vaya para mal o para bien, más allá de los límites de esta vida, encontraré la respuesta al porqué de un corazón tan fácil de controlar, guiar y dominar, por la mágica presencia que eres tú mujer.
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