• Verónica
RheaStavros
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  • País: Argentina
 
 "Is this the real life... is this your fantasy..." Así empieza la que es, para mí, la canción más bella de toda la historia, y no tendría más de 6 años la primera vez que la oí. Salía de un cassette con 4 hombres en la tapa, y uno de ellos, el de bigote, se convertiría en uno de los hombre que más admiro en este mundo: Freddie Mercury. La canción era Bohemian Rapsody.El punto es: nadie, absolutamente nadie negaría su talento ni su humanidad porque era homosexual. Nadie compararía a Mercury con una planta o un burro, ¿verdad?Lo que estoy tratando de explicar es algo que se me cruzó hace unos días. No soy una persona que abrió su mente repentinamente porque es algo "cool". Jamás fui "cool", ni "pro", ni estuve "de onda", porque toda mi persona ha sido siempre una flecha que va contra la corriente.Mis padres me educaron en el amor, y yo creí con la creencia interna de que se puede amar a quien sea, si mi ídolo amaba a otro hombre y ese amor lo hacía cantar tan maravillosamente bien, no podía estar mal. El amor no es algo antinatural, ni animal, ni infrahumano. Lo que ama es el Alma... y el Alma no tiene sexo. Mi Alma hoy vive en mi cuerpo de mujer, y mi Alma Afín hoy es un hombre, que me llena los días de amor y de felicidad... pero, ¿y si en otra vida, mi Alma en un cuerpo de mujer, ama a su Alma Afín, en el cuerpo de otra mujer?Pero a ver. Para el que prefiere una explicación más racional, alejada de los sentimentalismos, aquí va: La Constitución de nuestro País concibe un Estado Laico, por lo que la Santa Iglesia Católica podría ir guardándose sus opiniones donde no le da el sol. Además, el Código Civil concibe como únicos impedimentos para el matrimonio los siguientes puntos:Artículo 166. - Son impedimentos para contraer el matrimonio:1. La consanguinidad entre ascendientes y descendientes sin limitación;2. La consanguinidad entre hermanos o medio hermanos;3. El vinculo derivado de la adopción plena, en los mismos casos de los incisos 1, 2 y 4. El derivado de la adopción simple, entre adoptante y adoptado, adoptante y descendiente o cónyuge del adoptado, adoptado y cónyuge del adoptante, hijos adoptivos de una misma persona, entre si y adoptado e hijo del adoptante. Los impedimentos derivados de la adopción simple subsistirán mientras esta no sea anulada o revocada;4. La afinidad en línea recta en todos los grados;5. Tener la mujer menos de dieciséis años y el hombre menos de dieciocho;6. El matrimonio anterior, mientras subsista;7. Haber sido autor, cómplice o instigador del homicidio doloso de uno de los cónyuges;8. La privación permanente o transitoria de la razón, por cualquier causa que fuere;9. La sordomudez cuando el contrayente afectado no sabe manifestar su voluntad en forma inequívoca por escrito o de otra manera.Artículo 167. - Podrá contraerse matrimonio válido en el supuesto del artículo 166, inciso 5, previa dispensa judicial.La dispensa se otorgará con carácter excepcional y sólo si el interés de los menores lo exigen previa audiencia personal del juez con quienes pretendan casarse y los padres o representantes legales del que fuera menor. No se menciona absolutamente nada acerca de imposibilidad de matrimonio legal entre dos personas del mismo sexo.Por lo que entramos en un punto más que hipócrita: las parejas heterosexuales son matrimonios legales luego de 5 años de convivencia ( si ninguno tiene obstáculos para casarse), así no pasen por un registro civil en toda su vida, y cuando uno de ellos muere, el otro le hereda los bienes. Pero en el caso de una pareja homosexual, cuando falta uno, el otro no ve un peso, y aunque aportó por partes iguales, al difunto lo heredan sus hermanos, padres, sobrinos o cualquier otro familiar de sangre. Estamos hablando de la unión legal de dos seres humanos, dos individuos de la misma especie, dos personas, capaces por igual, de aportar al sostén de un hogar y en primera y última instancia, dos personas que han nacido libres para elegir sexo, raza, y religión de quienes quieren amar. Y el Estado debería garantizar esas libertades.Yo no puedo creer que las cosas sean tan absurdas. No estoy haciendo una apología de la homosexualidad. Hace miles de años, el amor perfecto era entre hombres, el tango comienza bailándose entre hombres y hoy nadie soporta la idea de que dos personas del mismo sexo salgan de un registro civil con una alianza de casamiento.Esto empezó como un alegato en mi defensa. Si la persona que me acusó de subirme a un carro que no me lleva a ningún lado me viera, sabría que no gano nada. Lo hago por convicciones personales, bastante más viejas que esta discusión. Convicciones... y un respeto que tengo desde que entendí quien era el hombre que cantaba "Love Of My Life".Verónica Luque.
Dicen que un ángel lo atrapó en el bañolo crucificó y le sacó los ojosy con su sangre se pintó los labiosy cortó sus piernas y se las comió.¡Pero Dios! Sos una máquina de humo.Un loco en la calesita, Juan Carlos Baglietto.  La noche que le cambió su alma al Diablo por algunas lentejuelas deslucidas, no pensó que la soledad sería tan desgarradora.Él quería un traje de luces, como el mejor de los matadores, como el traje del Emperador y, al igual que este, se sintió estafado. Pero tan decidido como estaba a no pasar como tonto él también, decidió formar él mismo su corte de admiradores.Entre aquellos que seguían fascinados sus cabriolas, sus pases mágicos y sus cancioncillas cómicas, figuraba una mujer muy hermosa, que no había emitido palabra alguna desde que se uniera al grupo de seguidores del Ídolo. Este silencio no tenía explicación, salvo por una cosa: su admiración era tan grande que apenas podía acercársele; ni pensar siquiera en hablarle. Y como no podía hablar con él, no hablaba con nadie.El Ídolo, tal como lo llamaban, había olvidado su nombre, o tal vez el nombre hubiera ido en el paquete en el que entregó su alma al Nefasto. Fuera como fuese, ya no lo sabía él, y sus seguidores tampoco.La cuestión residía en que el hombre había cambiado su alma por, como ya dijimos, unas cuantas lentejuelas desteñidas, pero parecía ser que le habían otorgado la corte de admiradores que tanto necesitaba. Y él también había visto a la mujer hermosa. Durante los meses que la vio admirarlo de lejos, aprendió a desearla, a observarla desde el atrio en el cual le hablaba a su gente, a amar aquellos ojos de medianoche, que brillaban más que sus pocas lentejuelas. El cuerpo espigado de la mujer le encendía el recuerdo por las noches, pero su orgullo le impedía bajar del pedestal a buscarla.Algo en la mujer lo desconcertaba. Cuando la veía, además de sentir la punzada del familiar deseo que jamás podría apagarse del todo, percibía otra cosa. Algo diferente. No alcanzaba a distinguir que era, pero lo sentía. Era algo que se tornaba cada vez más fuerte.La piel dorada de la mujer se le antojaba tan reluciente como el precioso metal, y tan suave como la cáscara de los duraznos maduros. Había visto que los hombres que lo seguían a todas partes habían descubierto su mirada de hembra solitaria, olido su perfume de amaneceres de verano y percibido la calidez de ese cuerpo cimbreante que jamás había probado nadie. Y cualquiera de ellos parecía decidido a tomar todo aquello que no reclamaba persona alguna. Pero si él, el Ídolo, se pronunciaba sobre aquella mujer, ninguno osaría tocarla con los ojos siquiera.Así lo hizo una noche de luna nueva, alumbrado por las antorchas del campamento, luego de una descomunal demostración de intelectualidad e ingenio que dejó a sus cortesanos en un silencio reverencial. Los hombres maldijeron por lo bajo, pero la admiración que sentían por su Ídolo les impedía revelarse contra la disposición de este. A la mujer le brillaron los ojos de anticipación al saber que por fin, había logrado que el Ídolo la mirase.Los meses transcurrieron sin incidentes. La mujer había sido encumbrada a la diestra del Ídolo, como su principal servidora, y así lo sentía el hombre también.Había algo extraño en el hombre. Si él se lo hubiese propuesto, habría sido un artista de fama internacional, un erudito, un escritor de gran renombre, un músico excepcional. Pero jamás se centró en desarrollar ninguna de sus grandes virtudes. Sólo vendió su alma por dos o tres luciérnagas que murieron a la primavera siguiente, y que solamente alcanzaron a iluminar los rostros de unos pocos seguidores. La mujer, un día, cansada de los desplantes, de la falta de consideración, y habiendo perdido la mirada reverencial de los primeros días, le dijo:-Busco al hombre que aprendí a amar. No necesito a este en el cual te convertiste. Si no puedes abandonar la máscara, el traje de arlequín que te has puesto, entonces, deberé abandonarte. Aún cuando una parte de mi corazón se quede con vos. Porque no puedo, no he podido, ni podré dejar de amarte. Pero así no te quiero.El hombre la miró perplejo. Pero no hizo nada, no dijo nada. Sólo la miró. Y no la pudo comprender.Había vendido su alma. Ya no podía saber que era amar.Transcurrió otro mes. Cuando ya no soportó más la situación, la mujer abandonó el campamento de los admiradores. Se fue tan silenciosamente como había llegado.El hombre la buscó una hora, dos, un día, una semana. Pero nada. De repente el carnaval había terminado, y la Colombina se había ido. El Arlequín se había quedado sin su amor.El triste día en que comprobó la enormidad de lo que había perdido, el Arlequín sintió un vacío en el pecho, y se dio cuenta de que echaba de menos a su alma. Las luciérnagas moribundas de su mal habido traje de gala titilaban ya sin fuerza, mientras que él pensaba:-¿Cómo puedo extrañar algo que hace tiempo que no tengo? Yo le cambié mi alma al Diablo por la atención constante de las personas. De todas las personas. Este maldito me ha engañado. Ya no tengo la atención de mi Colombina. Me ha estafado. ¡Lucifer! ¡Belcebú! ¡Satanás! ¡Leviatán! ¡Yo te conjuro, por tus siete nombres, cualesquiera que sean, por tus siete pelos y tus siete rostros! ¡Maldito seas, ven aquí! -El Arlequín no podía hallar la paz. Habiendo descubierto que lo habían engañado, se sentía furioso, como nunca lo había estado en su vida.Sin llamaradas de por medio, sin truenos ni grietas en la tierra, el Príncipe de las Tinieblas apareció. A su lado, brillaba en todo su esplendor, Colombina.Arlequín se sintió traicionado. Aquella mujer a la que amaba, y por la cual, toda su fama, toda la atención de hombres y mujeres en el mundo, carecía de la importancia que otrora tuviera en su vida, estaba al lado de aquel traidor. Lo habían engañado. Y dos veces. Encima la cobarde no quería mirarlo a los ojos. De pronto, el Diablo habló:-Te sientes estafado, ¿no es así? Sientes que te he humillado, que te engañé. Que me llevé tu alma sin darte nada a cambio, ¿verdad? -Al ver a Arlequín tan furioso, con sus ojos negros fulgurantes, como si dentro de él ardieran los fuegos mismos del Infierno, le dijo:-Ahh, querido Arlequín. Lamento decepcionarte, pero debo decirte que recién ahora puedo cobrar mi pago por lo que te di.-No te entiendo. Pediste mi alma a cambio de la atención que te pedí, y te la entregué. Yo ya cumplí. Pero tú... -El hombre calló, porque de súbito, Colombina lo miró. Sus ojos estaban bañados en lágrimas. ¿Por qué lloraba esa perra traidora?-Tú no podías entregarme algo que no tenías para dar. Tú no tenías alma cuando hiciste esa pequeña transacción comercial conmigo. Sólo tenías esa desesperada necesidad de acaparar la atención de todo el mundo sobre tu persona. Porque eras incapaz de concentrarla por ti mismo. No había en tu ser otra cosa que esa desesperada y patética necesidad. -El diabólico ser lo miró, mientras pronunciaba las últimas palabras lentamente, marcándolas intencionadamente. Resultaron más efectivas que un golpe en Arlequín. El otro continuó hablando.-Sólo tuviste un alma para pagarme, cuando te fijaste en esta muchacha, Colombina. Pero otra vez, tu necesidad de verte superior, te impidió ver que has encontrado a tu alma. Tu Alma Afín. ¿Qué triste, no? Ya tienes con que pagarme, y una vez que hallas saldado tu deuda, morirás. O mejor dicho, seguirás viviendo como hasta ahora. Como ya me pagaste, tu fama se acrecentará. De todas partes del mundo vendrán a adorarte, a rendirte pleitesía y, por supuesto a prestarte toda su atención. Para que comprendas, mi querido Arlequín, que yo siempre entrego lo que me piden. No soy tan malo, después de todo, ¿no? -Los ojos de Arlequín se habían apagado; los de Colombina habían dejado de brillar. El Diablo finalizó su monólogo:-Ahh, mi querido Arlequín. Todo tu asuntito de la fama, sólo terminará por tu mano, por si lo quieres saber. Te regalo el placer de la atención mundial de modo eterno, para que no sientas la falta. -Dicho esto, el Diablo y Colombina desaparecieron tan silenciosamente como habían llegado.Los días y las noches se sucedieron unos a otras sin pausa, pero sin la menor prisa. Todos eran iguales. En el último tiempo, él ni siquiera tenía que tomar el laúd, el pincel o la pluma para arrancar suspiros de las damas o elogios de los caballeros de su populosa corte. Todas las noches, innumerables mujeres sin rostros desfilaban por su tienda, pero él no lograba recordarlas, opacadas sus figuras por la nostalgia de aquella mujer morena de ojos de medianoche que había aprendido a amar y que, irónicamente, había pagado la deuda más grande de su existencia.Muchos años después todavía seguiría hablándose de Arlequín y de su numerosa corte, de Colombina y su amor abnegado, y aquella historia sería un ejemplo del amor desdichado, hasta que la opacaran los amantes de Verona. En estos días, sólo se la considera una leyenda.El Diablo dijo que Arlequín terminaría su fama por sus propias manos. Y así fue. Una daga enjoyada, regalo de uno de sus tantos seguidores, sería la que le diera el solitario descanso que buscó, dos años después del adiós de su amada Colombina.Miércoles De Ceniza, Verónica Luque
Miércoles de Ceniza
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