Un gran deseo de verte, me condujo hasta tu casa.
Tu calle estaba desierta, tu vereda, desolada.
Las altas puertas de roble  estaban todas, cerradas,
las rejas y los balcones, no eran los que recordaba.
No vi árboles ni plantas, ni flores....No había nada
que hablara de alguien, que, con amor, su tiempo, les dedicara, 
solo el pesado  silencio   de  una casa abandonada.
Era un día de verano, sin embargo, yo temblaba
porque un frío inexplicable,  desde tu casa emanaba.
 Muchas veces toqué  el timbre.  Por vencida, no me daba.
 Había ido para verte,  y era eso lo  que deseaba. 
 Me disponía  a partir, triste y desilusionada 
en el preciso momento, justo cuando  tú llegabas...  
pero no llegabas solo.  
Esa que te acompañaba, era una bella mujer, muy joven.
Yo vacilaba entre desaparecer, saludar, como si nada
y luego darme la vuelta y correr desesperada,
tirarme al paso de un tren, beber cicuta en mi casa,
arrojarme desde el puente a las turbulentas aguas.........
.Me cobijaste en tus brazos y con fuerza me apretabas
y me llenabas de besos.
 
Yo creía que soñaba...y tu joven compañera, con extrañeza miraba...
 
-Ella es mi hermana menor, recién llegada de Francia-
El corazón, estalló dentro de mi blusa blanca y los tres nos abrazamos... 
  Hoy  tenemos nuestra casa, llena de árboles y flores, 
de enredaderas y plantas,  de perfumes de colores y  avecillas que nos cantan.
 
Haydée López10/ 03/ 2017, año de "la maldición continúa"
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