Arroyito de Aguas de Oro, de agûita mansa y serena
que en los veranos lluviosos, se vuelven densas y arteras.
Mis propios ojos han visto, ésas que fueron serenas,
arrastrar puentes y casas, árboles y grandes piedras,
desbordarse de su cauce, rugir igual que las fieras
y perderse en la espesura, sin que nada las contenga.
Luego, cuando el río baja y sus agùitas se aquietan,
torna el arroyo a su cauce que ya pasó la tormenta
y vuelve a ser transparente... se pueden mirar las piedras 
y los pequeños guijarros que cambiaron de querencia
cuando la fuerte corriente, de un lado al otro los lleva. 
Así es mi arroyo, tranquilo y en ocasión, tempestuoso
y vuelve a ser transparente, el mismo que yo conozco.
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