24.02.19

Cómo si uno no tuviera suficiente con las tormentas mentales que hacen estragos en el pensamiento por las noches de insomnio, cómo si uno tuviese la paciencia de quien espera la eternidad y la iluminación sabiendo en su inconsciente que está en una habitación de velos negros que nunca podrá atravesar.
Tener que soportar a la media naranja que con el tiempo se ha transformado en un limón podrido y ya nada esta en calma, matando la magia con cada palabra y acto, ciega al entendimiento, una vez al mes hormonas desatadas en furia que dejan estragos para con el pasar de los días olvidar todo y ser mansa como un gato a la luz de una suave fogata.
Gritos mentales que desatan furia y enojo, como si tener que andar rogando por un poco de interés les fuese premio de plata en lo podrido de sus pensamientos, ganas de mandar todo a la mierda, pero se despierta y se da cuenta de que esa persona ya está ahí.
Amor y odio van de la mano, enojo sano quizá, quien lo sabe.
El pan esta en el horno, la vida en calma, ¡por qué permitir que otros y sus patéticas formas de ser contaminen un aire de paz! que se da en una tarde de helado verano.
En la radio suena el tema que escuche con mi expareja al llorar en la última despedida, preludio de un fin ya escrito.
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