QUIERO PELIRROJA QUERATINA CON QUERELLA QUE CREA QUILOMBO.-
¿Sorprendida?;
pero qué lasciva aureola roja la tuya
¡maldita anti-diva!
con el cairel que resbala cual coqueta gota
hasta tu boca loca
cosa nostra
bosa nova
vals inferno.
Así de ensangrentada liana; la quiero y no me importa.
Qué enredaditos cabellos tiesos
con sus carmesís intensos
que ni el gel con queratina lava milenaria
ni el acondicionador con alma de fuego
ni el tratamiento con malva de hiedra legendaria
o el rito de la sangre veneno
son capaces de des apellidarlos
como trampas de resplandores fugaces
para navegantes dedos
que ahí perecen entre enredos mancebos
por los inciertos parajes de tu cabeza ajena a la peineta
que tatúan el epitafio de cenobitas en las yemas
de las catervas de este espectro y sus otras identidades que navegan
entre sus mares muertos de espinas siderales, o arenas movedizas.
Así de enredadas; las quiero aunque sean cadenas ¿cuál es el problema?
Rojizas hiervas
que evaporizan el rubor del poeta
embullando al verso
lascivo escueto
en guturales truenos
minuetos y andantes
cumulonimbos exorbitantes resaltan
de las labias del letrista cuando ve que deshaces la trenza
y cae la cinta que sella la queratina, que con querella y quilombo
excita y envuelve al poeta en la fantasía que siempre sueña
vuelta ahora ella en realidades eróticas que vuelve al morbo arte poética
y entrega frenética donde chasquean leviatanes carnes.
Y todo... todo durante horas, y así por una niña pelirroja que no se peina;
la quiero, aunque sea una red tortuosa eterna.
pero qué lasciva aureola roja la tuya
¡maldita anti-diva!
con el cairel que resbala cual coqueta gota
hasta tu boca loca
cosa nostra
bosa nova
vals inferno.
Así de ensangrentada liana; la quiero y no me importa.
Qué enredaditos cabellos tiesos
con sus carmesís intensos
que ni el gel con queratina lava milenaria
ni el acondicionador con alma de fuego
ni el tratamiento con malva de hiedra legendaria
o el rito de la sangre veneno
son capaces de des apellidarlos
como trampas de resplandores fugaces
para navegantes dedos
que ahí perecen entre enredos mancebos
por los inciertos parajes de tu cabeza ajena a la peineta
que tatúan el epitafio de cenobitas en las yemas
de las catervas de este espectro y sus otras identidades que navegan
entre sus mares muertos de espinas siderales, o arenas movedizas.
Así de enredadas; las quiero aunque sean cadenas ¿cuál es el problema?
Rojizas hiervas
que evaporizan el rubor del poeta
embullando al verso
lascivo escueto
en guturales truenos
minuetos y andantes
cumulonimbos exorbitantes resaltan
de las labias del letrista cuando ve que deshaces la trenza
y cae la cinta que sella la queratina, que con querella y quilombo
excita y envuelve al poeta en la fantasía que siempre sueña
vuelta ahora ella en realidades eróticas que vuelve al morbo arte poética
y entrega frenética donde chasquean leviatanes carnes.
Y todo... todo durante horas, y así por una niña pelirroja que no se peina;
la quiero, aunque sea una red tortuosa eterna.
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