Me hundo en la soledad de mi escritorio; aunque esté entrado en años mi madre fríe chuletas para mí en la cocina de al lado y si quedan crudas la regaño. Mantengo la puerta cerrada, pues, no quiero que se metan en mi intimidad de tenedor libre en internet. Siempre creo que sé de cualquier tema y me enfado cuando alguien me contradice; me transpiran las manos y mantengo taquicardias si me altero por vosotros. Es que no voy a tolerar que alguien quiera hacerlo de otra manera. Por más que algo me atraiga de esas cosas perturbadoras que leo; mi moral sajona y europea no me lo permite. No señor, comprendo el castellano de Castilla hijo mío y ningún otro. Tengo algunas perversiones que deslizo; jadeando y balbuceando  en mi cuartito; relamiendo y agitando mi efervescencia de Coca cola light. Cuando me aburro vuelvo a mis videos de teens follando. Promoviendo mis hediondos y gigantes granos de pus y mi barriga de glotón angurriento e hipertenso.
                Le doy de dedales al teclao pa’ que escriba con más fuerza las asquerosidades que denuncio invadido por un odio aglutinado en mi colesterol en sangre. No tengo un trabajo ni mantengo relaciones con mujeres reales. Mis amigos son internautas que critican mi basta y extensa obra que publico poniendo en juego mi auto estima devastada. No soy crítico de arte; incluso no sé qué coño es el arte. Mi pequeño diámetro de prejuicio jamás me lo permitiría. No obstante no tengo faltas de ortografía e incluso alguna vez leí el Quijote y es por eso que considero alguna cosas inadmisibles. Todo lo corrido de mi límite establecido en mi hedionda perversidad.
                Me masturbo dos o tres veces por día; sin embargo en las mañanas busco el pan muy educado y bien peinado. Tengo reputación de barrio fascista, franquista, de jubilados y leo el periódico porque no creo en el periodismo independiente. No admito otra mirada. Pues la realidad siempre viene en los periódicos. Donde cuentan que esos negros se están mezclando entre nosotros en la cola del paro. Admiro a Rajoy y su inmaculada derecha que trajo a España toda la grandeza que desde Franco habíamos perdido.
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                Tengo depresiones y pene pequeño; sufro esquizofrenia y soy adicto al Prozak, Tengo un arma cargada en uno de los cajones, lista para matar a cualquier sudaca que intente robar en mi casa. Algunos amaneceres salgo, a escondidas de mi madre, a patear yonquis y a insultar a las muchachas que como putas van vestidas mostrando sus impúdicas carnes. Los domingos voy a misa donde comulgo y me confieso con el padre Ceferino. Hago caridad dejando cinco euros en el postigo de la virgen.
                Y escribo, vuelco mis razones en eso. Y critico; meticulosamente cada frase de lo que sé, nunca podría igualar. Y por más que algunas cosas no comprenda, por mi corta experiencia de vivencias; por mis prejuicios, por mi ignorancia y falta de capacidad para conectarme con mis sentimientos, igual mantengo el derecho de denunciar a los pervertidos que se atrevan a deformar las maneras de  plasmar algunas cosas cotidianas. Colecciono historietas y muñecos de Star Wars y me vi todas las de Harry Potter. Nada de obscenidades del tipo Almodovar o ese inmoral Woody Allen donde sus actrices putas muestran las tetas y esas cosas.
                La economía de mi madre no es buena desde que falleció mi padre; igual es su economía y no la mía; qué culpa tengo yo de que no alcance el dinero al fin y al cabo es ella quien decide en que gastarlo. Pues no puedo ayudarla en nada ya que mi tiempo se consume leyendo diarios y criticando el atrevimiento de otros desde mi ordenador patético y corroído; donde escribo historias de terror con diálogos pomposos y enormes descripciones físicas y en detalle de mis fieles personajes. Que pueden matar y violar pero jamás sueltan una idea de na.
                Porque hace años que me dedico a esto. Porque me creo con derecho sobre vosotros; novatos incapaces. Porque aquí, en la internet, tengo un nombre y puedo ser respetado. Porque viajo solo y enclaustrado en lo más bajo de la indecible humanidad. Ya ves; soy Europeo. Mis antepasados me abalan. ¡Joder, tío! ¿Qué me vais a enseñar vosotros?
 
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