Comuñe Mogote Tecogo
Ayer, lunes, llegamos por la noche. No podría precisar la hora exacta puesto que no repare en el reloj del microondas. Hable con ella por la tarde y quedé en irla a buscar al sanatorio cuando terminara con su último paciente de los consultorios externos. Pues así fue y después de dejar en la hoya terminándose de cocer unas papas, zanahorias y osobuco de ternera. Chape la moto y salí. Elegí, en unos de mis aciertos del día, una secuencia aleatoria de Fito Paez en el celular para ir auriculeando dentro del casco. La autopista no estaba muy cargada pero teniendo en cuenta que horas antes había hecho el mismo camino pero de regreso era obvio imaginar que el manejo se podría volver tedioso. Pues así llegué y luego de esperarla unos minutos (Cosa muy típica en ella ¿O en todas?) Salió; no sé como describir lo que mi corazón me agita cada vez que la veo venir de esa manera; y aunque sepa que es su andar normal. Siempre siento que es algo que regala para mí; su leve suspensión entre paso y paso acompasando las caderas; su pelo rubio y ondulado que vuela entre el perfume de su escote; esos ojos verdes de esmeraldas prometidas y todo aquello más su cálida sonrisa en el pequeño y disimulado festejo al encontrarme. Es una sensación que me supera sobre manera; después la tibia calidez de sus labios humectados tras un abrazo de ternuras compartidas. En fin nuestro encuentro, quizás siempre al borde de nuestra despedida.
Luego de montarnos, cual eternautas con cascos y todo, le comenté que no iríamos a casa sin antes pasar por lo de Yanny; la sextoagenaria novia de Raúl, a cobrar dos mil míseros pesos que me paga al mes por representarlo, en un acto casi servil, en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. El caso era que a estas alturas ya era necesario (Por no decir tarde) siendo Veinte del mes y sin mi paga. Y para cristalizar la noche; después de estar viendo pasar autos durante diez minutos en la puerta del edificio de Yanny hasta que esta se apresentó empuñando tensamente los veinte billetes violetas. Comenté, como de pasada y sin hacer tanto escándalo, que también debía pasar por la casa de mi hermana María Victoria a buscar una suma diez veces menor. Presentí; claro, que ella se percataba del porqué mi ofrecimiento de buscarla donde el sanatorio. Es sencillo no me gustan las diligencias en soledad.
Una vez en casa cenamos en el dormitorio (Plato en mano) y ella se durmió. Frágilmente la vi caer esclavizada al desamor de su ensueño; por no decir que estaba por demás extenuada.
Existe algo tan inquietante como curioso en la extraña atmosfera que se genera con la media luz de la mesita, el televisor en mute y los auriculares, como un vacio que genera su ausencia inmutante ante mis ojos que la ven dormir sabiendo que no está. Siento que conozco a quien reposa dormitando a mi costado; recogiendo llantos y alegrías desde sus sueños pesadillas donde también me puedo hacer yo como príncipe del reino o verdugo del dolor. Pues más que la felicidad nos une el espanto y es una azar tan dulce de tenencia; porque la conozco en su pasado y se desnuda ante mí con todas sus debilidades y conoce, a la vez, hasta el más bajo de mis pensamientos; porque me rebusca en el pecado de mi pasado oscuro y conoce hasta el más vil de mis secretos. Ambos sabemos de qué viene esta historieta; ambos elegimos cada día. Ambos amamos lo que juntos generamos.
Pero pasando a mí, que aún no estoy dormido, pero si esperando. Comencé a hilvanar palabras encadenadas en una suerte de cacofonía, se diría, atroz. No obstante se iban hilando entre sí como pulsiones que devenían desde mi inconsciente.
Comuñe Mogote Tecogo. Salió. Vió flojo. El espiar. Te corro. Curro torpedo. Te compra. Desmonta la bala mañana. Plata te faja. Noto que brillo. Volver en la floja. Te toca. Ansiada la cara que vuela. Más tarde te quema. Llena. Pega. Marcada. Desnuda. Volaba. Salir. Tomaba. Compró la ventana que abría el verano. Solano. Marchaba a un lugar en el cielo. Mi cuerpo sabía. La vida. Esperanza. Esperaba. Rompiendo. Cerraba los ojos. De anuncios. De versos. Diluvio en tu cara. Mostraba. Preciaba. De amores. Colores. Cantaban tus sueños. Pasaban. Volvían. Lloraban. Te saca. La barba. Del aire. Volaba. Tus senos. Viajaban. Morían. Rozaban. Las piernas. Divisas. Estrellas doradas. Plasmada la idea. Del ser en tu rostro. Y mentor. Espías. Calor. La luna bollaba. Saliva. Sus balsas. Sobre la cornisa. Los bares. El día. De nubes danzantes que parten de aquí. Corrí. Corrías. Gomias faltaban. La guita. La fauna. Tu sudor. Mi venganza. Precaria. De infancia. Socorros. Aullidos. El susto que diste. Viniste. Herraste. Moriste. Pagaste. Amor que buscabas. Rever la pasión. Soltar la ilusión. Tanto que pedías. Tanto que encontrabas. Tanto que vivías.
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