¿Quién es Pablo?
"No soy una sola voz. Soy el diálogo entre todas las versiones de mí que aún siguen aprendiendo a vivir."
¿Quién es Pablo?
¿Quién soy?
Bueno, soy Pablo.
Pero no quiero que se entienda solo como un nombre o como una persona cualquiera. Prefiero pensar que soy la suma de muchas facetas que conviven en mí.
Está el Pablo escritor, el poeta.
Está el Pablo estudiante.
El Pablo hijo.
El Pablo que aún es un niño.
El Pablo que ya comenzó a convertirse en adulto.
Está el Pablo que sueña con ser profesor, el humanista, el creyente y el soñador.
Y quién sabe cuántos Pablos más existan y todavía no conozca.
Casi siempre son los mismos tres los que se dejan ver, sobre todo en mis escritos. Sin embargo, todos ellos forman a una sola persona: Pablo Esteban Alarcón Soto.
Por eso, cuando alguno de mis poemas parece hablar desde el final, desde el cansancio o desde la derrota, no significa que ese sea todo lo que soy. Esa voz existe, sí, pero es solo una parte de mí.
También existe el Pablo alegre.
Solo que aparece de forma fugaz.
Y, muchas veces, termina sufriendo.
Entonces vuelve el Pablo melancólico; de él nace el poeta.
Del poeta nace el humanista.
Del humanista nace el estudiante.
Del estudiante nace el futuro profesor.
Y del profesor nace el deseo de dejar una huella: ayudar a otros a sentir, a pensar y a descubrir, a través de la literatura, aquello que quizá aún no sabían que habitaba en ellos.
Por eso la figura del niño aparece tantas veces en lo que escribo.
Para mí, un niño representa a alguien que debe ser protegido; alguien que todavía merece descubrir el mundo con asombro, jugar, equivocarse y disfrutar la vida.
Por eso me gusta pensar que ese niño sigue existiendo dentro de mí.
Aunque legalmente ya sea un adulto, todavía vive ese niño que se siente solo en medio de una ciudad inmensa, lejos de su familia.
No porque le falte cariño.
El cariño está.
Solo que, a veces, se siente sobrepasado.
Es el Pablo que se encierra cuando tiene miedo.
El que se hace pequeño cuando es criticado o cuando duda de sí mismo.
Y, paradójicamente, creo que también es el más fuerte de todos.
Con el tiempo he cambiado.
Antes solo existían el niño, el alegre y, de vez en cuando, el creyente.
Hubo un momento en que me alejé de esa fe y apareció con fuerza el humanista.
Y, curiosamente, fue esa faceta la que terminó alimentando a muchas otras.
Gracias a ella nació con más fuerza el escritor.
También el estudiante.
Y el futuro profesor.
Hoy soy un hombre de veinte años que, muchas veces, simplemente se queda mirando.
Salgo a caminar durante horas escuchando música.
Me siento en cualquier parte.
Observo.
Nada más.
Porque collige, virgo, rosas nunca ha sido para mí una simple referencia literaria.
Es una manera de vivir.
Hay que disfrutar lo que el mundo nos ofrece.
Hay que contemplar aquello que ocurre solo una vez.
Ese paisaje por el que acaba de pasar un automóvil nunca volverá a repetirse exactamente igual.
Las hojas que caen este otoño no serán las mismas que caerán el próximo año.
Todo cambia.
Y precisamente por eso vale la pena detenerse a mirar.
Yo no siempre transformo esos momentos en felicidad.
Muchas veces solo los contemplo.
Pero de esa contemplación nacen mis poemas.
Mis relatos.
Mis haikus.
Mis dibujos.
En el fondo, esa es la forma que encontré para seguir adelante.
El artista —que es el mismo poeta— probablemente siempre estuvo ahí.
Solo permanecía oculto.
Y quizá todavía existan otros Pablos que aún no conozco.
Pero, al final de todo, sigo siendo una sola persona.
Soy un hijo.
Soy un estudiante.
Soy alguien que todavía puede sentir.
Y creo que eso es, precisamente, lo que me hace humano.
Si alguno de mis escritos logra hablarte de alguna manera, te invito a acompañarme.
No para descubrir quién soy.
Sino para ver, conmigo, en quién continúa convirtiéndose Pablo.



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