Inevitable
Estos días intentando no escribirte, dibujarte ni pensar en tu rutina empezó a devolverme la tranquilidad. Inevitablemente te busqué entre la gente, en la plaza cuando volvía del trabajo, en cada uniformado de espaldas.
Te oí en todas las canciones de Mon, más en las que descubrí que llegué a amarte.
¿Qué locura, no? Hasta yo me sorprendo de que esa palabra salga de mi corazón.
No sé si me duele más el darme cuenta ahora o que vos lo supieras por cómo me entregaba y querías usarlo para alimentar tu ego. Puede ser más porque no podías ni darme el cuarto del amor que necesitaba y peor aún, querías que me quede a recibir eso, agradecida y apagada.
Admito en que pensé en achicarme para acomodarme a lo que querías y dejar de lado mi amor por mi responsabilidad al compromiso real pero no, eso no era para mi.
Hay momentos en los que quiero correr las dos cuadras que nos separan para abrazarte y decirte que no soporto esta distancia. Que no quiero no verte, que te detesto por ser tan idiota, que si de verdad no me mentís en este presente puedo pensar en la construcción de un futuro. Pero de qué serviría, estoy segura que dirías lo que quiero escuchar para que me quede, luego soltarme y desaparecer.
Soltarte de a poco, en este mes intenso que vivimos me está generando enfermedades físicas que no hubiera imaginado. Y de los que no voy a contarte porque nunca te importaron realmente.
Hoy te bloqueé. No quería realmente, aunque vivir con una mínima esperanza de que aparezcas me parecía insoportable.





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