¿Qué somos?
Las noches son una sombra tan oscura y pareciera que la cubre una densa niebla. Los pies caen como aves al anidar, el único sendero que hay es el que mi mente va creando cada vez que te ve.
No sé qué en momento de la vida esa espiral me ha guiado a la miseria de un pobre desalmado, pero porque mi reflejo se ve en una charca de lágrimas ajenas, siendo un imán para mí.
Las estrellas han iluminado un firmamento qué ante los ojos de un amigo joven pareciera negro, al ir observando con más detenimiento se logra distinguir un azul marino tan denso qué solo hacen qué pueda ser reconocido de este color por esos puntitos blancos, de par en par van apareciendo. Las olas inundaron a ese espectador, quedando inmerso en nuevo dilema, una suave brisa cubrió el rostro de él, alzó sus manos exigiendo al basto cielo qué quería una serie de respuestas qué a su vez estas fueran acordes a su voluntad. Las estrellas solo titilaban tan tenues y bellas.
Su infinita y basta belleza no saciaban la sed de nuestro amigo, hasta en algún momento dejó de tener sentido todo lo que decía o exigía. Con esas manos tan ásperas intentó agarrar una de las estrellas y pensó que la tendría siempre en su mente, pero se escurrió entre sus pensamientos, dejándolo sin una respuesta.
Las intenciones que guardan los anhelos son un misterio tan extraño como el ver una noche llena de puntitos e intentar contarlos todos.
No sé qué en momento de la vida esa espiral me ha guiado a la miseria de un pobre desalmado, pero porque mi reflejo se ve en una charca de lágrimas ajenas, siendo un imán para mí.
Las estrellas han iluminado un firmamento qué ante los ojos de un amigo joven pareciera negro, al ir observando con más detenimiento se logra distinguir un azul marino tan denso qué solo hacen qué pueda ser reconocido de este color por esos puntitos blancos, de par en par van apareciendo. Las olas inundaron a ese espectador, quedando inmerso en nuevo dilema, una suave brisa cubrió el rostro de él, alzó sus manos exigiendo al basto cielo qué quería una serie de respuestas qué a su vez estas fueran acordes a su voluntad. Las estrellas solo titilaban tan tenues y bellas.
Su infinita y basta belleza no saciaban la sed de nuestro amigo, hasta en algún momento dejó de tener sentido todo lo que decía o exigía. Con esas manos tan ásperas intentó agarrar una de las estrellas y pensó que la tendría siempre en su mente, pero se escurrió entre sus pensamientos, dejándolo sin una respuesta.
Las intenciones que guardan los anhelos son un misterio tan extraño como el ver una noche llena de puntitos e intentar contarlos todos.
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