En un diciembre soleado en la mañana, visitaba a mi hermana al hospital, cáncer pulmonar era su diagnóstico. El entorno del hospital es horrible y melancólico, gente con ojos cansados de llanto, enfermos con miradas llenas de dolor, gritos del alma como aullidos de lobo, médicos esparciendo mentiras y esperanza a la gente. Por fin llego al podio de mi hermana, le digo: <>, sonriente me dice: << bien hermano>>, me abrazo y beso como si estuviéramos en la casa, como si nada, tan frágil pero hermosa como una flor en la inclemencia de un desierto, ¡qué ironía!.
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