\"Puertas\"
- PUERTAS -
¡RIIINNGG!, ¡RIIIINNNGGGG!, ¡¡¡RIIIIIIIINNNNGGGGGG!!!
Me despertó el timbre…
y fui hasta la puerta, a las puteadas, medio dormido…
espié por la mirilla y ahí estaba, Juli... la vecina del 4to "B",
la más loca del edificio... y casi tan sucia, como yo.
Preferí hablarle, a puerta cerrada:
- Qué hacés, Juli... estaba durmiendo
- ¡Ehhh!, ¡mirá la hora que es, boludo!… media pila,
¡¿ya te olvidaste de mí?!
- ¡Naaah!, no es eso, pero pensé que ya, no nos íbamos a ver más,
porque la última vez que nos vimos; ¡me sacaste cagando!.
- ¡Dale!, ¡abrí, bebé!... dejame pasar... tengo un regalito para vos.
Siempre me puede, cuando me dice "bebé".
Abrí la puerta y la invité a pasar,
haciendo un exageradísimo ademán payasesco
y ella, sonrió... con esa boca carnosa llena de dientes,
(con la seguridad de una mujer,
que se sabe inolvidable).
Lo primero que hizo, ni bien entró,
fue ponerme contra la puerta, y me dijo:
- ¡No te borres más, bebé!... si no, ya no voy a poder hacerte
ningún regalito.
- ¡¿Ahhh sííí…?!, ¡¿y dónde está mí regalito?!
Creo que no llegué a pestañear,
que ya estaba arrodillada, frente a mí…
bajándome el boxer, a los gritos:
- ¡Daaale!, ¡¡¡cogeeeme la boca!!!...
no aguanto más... ¡haceme toseeerrr!.
Y yo que ya la tenía dura, como un fierro,
puse mis manos en su cabeza
y se la enterré toda… bien, bien adentro de la boca.
Mientras sentía como su saliva, me recorría los huevos,
escuchaba sus arcadas, como tosía: ¡y eso, me volvía loco!,
le pegué un par de cachetazos y ella, gemía de placer…
(¡como una perra en celo!),
y yo veía, como se metía los dedos en la concha, con violencia.
Ni bien acabé, se tomó toda la leche
y sonrió, con su mejor cara de puta... y me dijo:
- Paso al baño...
- Dale, dale - contesté
Yo, mientras tanto, me prendí un puchito…
y me puse a hacer café.
A los pocos minutos me di cuenta,
de que no se escuchaba ningún ruido, en el baño,
ni el lavatorio, ni el inodoro... nada,
entonces me acerqué hasta la puerta, y le pregunté:
- ¿Todo bien, Juli?... ¿pasa algo?
- No, no... todo bien... che, ¿te diste cuenta, que siempre que hablamos,
hay una puerta de por medio?
- ¡Jajaaa!, ¿sí, no?… somos un desastre
- ¡Vosss, sos un desastre, pibe!...
- Jajaa, ¡claaaro!, ¡porque vos, no!... ¡vos, sos el orguuullo de la familia!…
Al final de su respuesta, le escuché la voz, un poco rara...
como angustiada, pero… ¡qué sé yo!, no sé…
por las dudas, me hice el boludo
y me fui a cuidar, de que no se me queme, el café.
Al ratito… Juli, ¡abrió la puerta, de un golpe!
y con su agudito tono de voz, me dijo:
- ¡Mmmm!, ¡¿qué es ese olorcito?!, ¡no me digas que hiciste café!
- ¡Sí, sí!… ¿nos tomamos un cafecito?, y me contás de vos…
qué anduviste haciendo, cómo anda tu familia…
- ¡Ahhh, bueno!, muy bien... ¿ya no desayunás, con birra, bebé?
- No, no... hoy no... mañana; ¡chi lo sa!
- Jajjjaaja... ¡qué chico sano, ehhh!
- ¿Te parece...?, es que anoche, tomé un poco de más…
- ¡Eeeeh!, ¿qué pasó?, ¿saliste a romper la noche?
- ¡Naaah!, vos sabés que me gusta tomar solo… y recordar
- ¡Uhhh!, bueh... me parece, que me voy a ir yendo...
- ¿Ya te vas?, ¿no te querés quedar a tomar un cafecito o algo...?
- ¡Naaah!, dejá... mejor me voy, nos vemos otro día... o quizás no...
- Ahhh bueno; ¡bárbaro!... ¡clarísima, como siempre!.
Fuimos hasta la puerta, en silencio,
nos dimos un beso tibio... y se fue.
¡RIIINNGG!, ¡RIIIINNNGGGG!, ¡¡¡RIIIIIIIINNNNGGGGGG!!!
Me despertó el timbre…
y fui hasta la puerta, a las puteadas, medio dormido…
espié por la mirilla y ahí estaba, Juli... la vecina del 4to "B",
la más loca del edificio... y casi tan sucia, como yo.
Preferí hablarle, a puerta cerrada:
- Qué hacés, Juli... estaba durmiendo
- ¡Ehhh!, ¡mirá la hora que es, boludo!… media pila,
¡¿ya te olvidaste de mí?!
- ¡Naaah!, no es eso, pero pensé que ya, no nos íbamos a ver más,
porque la última vez que nos vimos; ¡me sacaste cagando!.
- ¡Dale!, ¡abrí, bebé!... dejame pasar... tengo un regalito para vos.
Siempre me puede, cuando me dice "bebé".
Abrí la puerta y la invité a pasar,
haciendo un exageradísimo ademán payasesco
y ella, sonrió... con esa boca carnosa llena de dientes,
(con la seguridad de una mujer,
que se sabe inolvidable).
Lo primero que hizo, ni bien entró,
fue ponerme contra la puerta, y me dijo:
- ¡No te borres más, bebé!... si no, ya no voy a poder hacerte
ningún regalito.
- ¡¿Ahhh sííí…?!, ¡¿y dónde está mí regalito?!
Creo que no llegué a pestañear,
que ya estaba arrodillada, frente a mí…
bajándome el boxer, a los gritos:
- ¡Daaale!, ¡¡¡cogeeeme la boca!!!...
no aguanto más... ¡haceme toseeerrr!.
Y yo que ya la tenía dura, como un fierro,
puse mis manos en su cabeza
y se la enterré toda… bien, bien adentro de la boca.
Mientras sentía como su saliva, me recorría los huevos,
escuchaba sus arcadas, como tosía: ¡y eso, me volvía loco!,
le pegué un par de cachetazos y ella, gemía de placer…
(¡como una perra en celo!),
y yo veía, como se metía los dedos en la concha, con violencia.
Ni bien acabé, se tomó toda la leche
y sonrió, con su mejor cara de puta... y me dijo:
- Paso al baño...
- Dale, dale - contesté
Yo, mientras tanto, me prendí un puchito…
y me puse a hacer café.
A los pocos minutos me di cuenta,
de que no se escuchaba ningún ruido, en el baño,
ni el lavatorio, ni el inodoro... nada,
entonces me acerqué hasta la puerta, y le pregunté:
- ¿Todo bien, Juli?... ¿pasa algo?
- No, no... todo bien... che, ¿te diste cuenta, que siempre que hablamos,
hay una puerta de por medio?
- ¡Jajaaa!, ¿sí, no?… somos un desastre
- ¡Vosss, sos un desastre, pibe!...
- Jajaa, ¡claaaro!, ¡porque vos, no!... ¡vos, sos el orguuullo de la familia!…
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- Seh… tenés razón… la verdad es que; soy un desastre.
Al final de su respuesta, le escuché la voz, un poco rara...
como angustiada, pero… ¡qué sé yo!, no sé…
por las dudas, me hice el boludo
y me fui a cuidar, de que no se me queme, el café.
Al ratito… Juli, ¡abrió la puerta, de un golpe!
y con su agudito tono de voz, me dijo:
- ¡Mmmm!, ¡¿qué es ese olorcito?!, ¡no me digas que hiciste café!
- ¡Sí, sí!… ¿nos tomamos un cafecito?, y me contás de vos…
qué anduviste haciendo, cómo anda tu familia…
- ¡Ahhh, bueno!, muy bien... ¿ya no desayunás, con birra, bebé?
- No, no... hoy no... mañana; ¡chi lo sa!
- Jajjjaaja... ¡qué chico sano, ehhh!
- ¿Te parece...?, es que anoche, tomé un poco de más…
- ¡Eeeeh!, ¿qué pasó?, ¿saliste a romper la noche?
- ¡Naaah!, vos sabés que me gusta tomar solo… y recordar
- ¡Uhhh!, bueh... me parece, que me voy a ir yendo...
- ¿Ya te vas?, ¿no te querés quedar a tomar un cafecito o algo...?
- ¡Naaah!, dejá... mejor me voy, nos vemos otro día... o quizás no...
- Ahhh bueno; ¡bárbaro!... ¡clarísima, como siempre!.
Fuimos hasta la puerta, en silencio,
nos dimos un beso tibio... y se fue.
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