Estrangulada mi risa, rojos y alterado mi rostro, con el corazón partido, los pulmones a punto de estallar, pensamientos como centellas atacan mi cerebro, mi memoria como una presa a punto de desbordarse.
Imposible mantener la risa, el optimismo me ha abandonado, mis actitudes positivas se me han negado. Donde anda mi alta autoestima, la bajo estima la ha opacado con sus oscuras sombras.
Y las frases alentadoras, sabias y positivas que siempre leo y guardo en mi memoria para levantarme en momento como estos.
Un ejército muy bien armado con palabras como espada, atraviesan mi corazón, ingratitud ajena como cohetes traspasa mi alma.
Un laberinto frente a mí se presenta, no puedo ver con claridad las direcciones correctas. Entre pared y espada soy tirada, el aire me falta, las fuerzas se acaban, mis piernas se niegan a seguir, mis brazos tiemblan, mi voz se oculta, sale sin animo, las esperanzas son muertas, mi fe se enfría, no mi fe en Dios, sino más bien mi fe en la vida, el mundo que me rodea.
La tormenta es fuerte no alcanzo a ver la calma. Antes tenía fuerza para atacar, pero la he perdido, en soledad sufro mis aficiones, depresiones, angustias, tristeza, no tengo fuerza para defenderme, me siento indefensa ante el ejercito que me ataca.
¡Es urgente, auxilio, vengan por mí, ayuda!, ayuda!, mi pulso baja, mi presión me abandona, el aire me falta, me hundo en un mar profundo y peligroso. No veo, no escucho, solo el sentido del tacto me funciona para alertarme del dolor profundo e interno que sufro. Me sangra el alma, mis venas brotan como dinamita en plena guerra. El ejército me persigue, sin razón me atacan.
¡Alma mía no muera!, detente, soporta, aguanta ya vienen por ti, -fe por favor, te necesito ven en mi ayuda llama a esperanza para que me recate de la desilusión que me ataca, la oscuridad de la amargura sin compasión me tortura. La ingratitud, el ego, los afanes, los que se suponen son mis amigos me hieren y torturan sin piedad.
Depresión es la única que está a mis pies, se ríe con placer, se deleita con victoria viendo salir mi último suspirar, se alegra al ver cómo me deja el aire, la luz se apaga en mis ojos, el calor se deprende de mi cuerpo, un frio inmenso se adueña de cada poro de mi piel. La vida se va, la depresión airosa levanta la bandera de victoria, ha ganado la batalla.
Una brisa silenciosa, aborda muy en el fondo, en el interior, creo que por fin llego esperanza, acompañada de fe y alegría, como sol radiante se posan ante mí, angustia, desilusión y amargura con tristeza se apartan.
¡Esperanza con gran regocijo, llena de alegría, me anuncia que nuevos bríos, nuevas fuerzas trajo de regalo para mí, dice que se trata del amor a la vida continúa susurrando a mis oídos que es espectacular para afrontar la tormenta y dirigirme a un puerto, a un nuevo puerto!
Cristina Moreta
Cargando comentarios...