Después de la tormenta lo que quedó en la superficie fueron esos gestos de viejo achaparrado, después le seguirán ese cortejo de amigos con sus preguntas curiosas, y yo… yo respondía con evasivas, como guardando el misterio.
Fui lanzado de su vida, pero no como ella quería (fue un arreglo pacífico) según ella un amigo abrió el camino, según yo creo fueron sus propios  intereses terrenales, ahora creo que, su forma de ser no era más que una pantalla; traducida en el lenguaje de sus gestos amorosos, casi hasta la exageración.
Yo sentía todo  lo incómodo de esa situación… es  como cuando uno percibe lo irreal de esa relación, hasta el punto de cuestionar las circunstancias que le habían dado vida.
Una especie de rubor tiñe los recuerdos de aquellos momentos desvergonzados hoy me doy cuenta que sin tapujos uno los siente como un privilegio aliado de esa relación basado en lo físico.
En ese tiempo yo cría que no teníamos intereses separados, vivía la inmortabilidad  del momento. Para cumplir con sus deseos gastaba mas allá de las posibilidades.
Ella había triunfado en el absolutismo de sus prioridades y en el sometimiento de sus intereses.
Yo me cría propietario de esa tierra fértil, y una pereza heroica me hacía no cuestionar que la relación se había transformado en una monarquía.
En lugar de adelantar habíamos retrocedido, ya no era su pareja era su vasallo, y cualquier contradicción era asumido como una insurrección.
Cuando desperté de ese sueño atrás quedó esa sensación de  orgullo infinito de estar en la cima con ese sol de medio día.
Como todo lo que ella era para mí, como esa estrella con luz propia, pero… cuando cuestioné el absolutismo de su persona se opuso amenazadora con tanta languidez en sus gestos, apartada de la corona tomó el timón de sus intereses.
Por la fuerza de su destrato, fue como un  terremoto, sin fe en nosotros, gruñendo con las uñas afuera,   egoísta frente ambos mostraba su egoísmo celosa de sus intereses.
Yo me sentía un pobre viejo sin ojos, sin oídos, sin boca para decir lo vulgar que me parecían  sus actos.
Después de la tormenta lo que quedó es ese gesto de viejo achaparrado…
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