Emplear todo el corazón en lo que se tornan las almenaras de tonos naranjas y amarillos; hallarían el puente entre los mundos, dispuestos y depuestos como en la nada, como en el nadie. Como en el todo que respira en la nuca y hierve el corazón. Ese entre que el hilo, que más tarde, se enfrenta a la majestad de esas estelas de radiante proceder, invade los hormigueros celestes de luz de dulce cuna. El que gobierna desde la realidad al paraíso que porta el nombre de las arenas. Un océano de versos embrollados y aguerridos con aroma a tinta china.

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