Elegancia de lentejas
Supremacía de altares, riego de los cimientos que se alzan entre prestezas de tambores y otros instrumentos de soberanía inevitable. Un reguero de café entre costuras y serenidades de líricos estremecidos. Dulzura de voz que convoca la paz más decorosa, más insólita, siempre a la escarcha, de la ingratitud, de entre todo lo que es y será, más allá de entre todo lo conocido y desconocido.
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