El Arlequín en el jardín de oro

a la Princesa alegraba muy sonoro.

Y en el Palacio dió piruetas diestras

como meloso nacido de colmenas.

Todo era fiestas en el salón de Eulalia

donde los valses etéreos se enredaban.

Y allí miró el Sátiro a la moza

de buen semblante y esbelta trayectoria.

Entre las mesas la champaña corría

mejor que la beata a la abadía.

Era la cítara un desgranar de encantos

y el bribonzuelo saltaba atosigando.

Germinaban en los palcos nacientes

las sonrisas de Carla, la indecente.

Momento era de cisnes en los lagos

y de mozuelos que fingían ser bardos.

Y todo se reía entre las rosas

como madejas de rubias mariposas .

Estaba Rubén reconstruyendo todo

el Lenguaje con aciertos y tesoros.

De aquel tiempo fragante nada queda:

Ni los regios vapores, ni las gredas.

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