Tengo dos semanas sin hablar, mi cuerpo me grita que no estoy bien, lo veo de lejos  claro sin poder contestar porque esa imagen está presente tanto tiempo en mi mente, no quiero ser débil, desde pequeña fui la mejor, tuve que serlo, mis padres un sentimiento ambivalente cada vez que hablo de ellos, cuando elogian mis forma de escribir mis perfectas calificaciones tengo que mencionar que es gracias a ellos, en el fondo me veo de pequeña sentada por horas trascribiendo viejas libretas, está mal escribir con la mano izquierda la voz de mi madre una y otra vez, entiendo bueno lo intento, pretendían de mi lo mejor una hija perfecta, ahora me veo un reflejo de eso aún queda, líneas perfectas me persiguen siempre, un ojo escrutador que tiene que remarcar los errores o como también decían todo aquello que se pueda mejorar.
 Por dios que consigna cargo, la perfección, un fantasma que aún me asusta y claro esta rebasa lo académico, imaginen, no solo yo tener que ser perfecta además claro esta tengo que rodearme de personas perfectas, elegirlas es difícil, me siento porque es ajeno es una imposición, los veo aquellos que eligen la perfección por decisión propia, creo la disfrutan pero yo no es que la perfección no era mi idea, era de ellos de mis padres que en su amor que ellos describían como infinito me adormecieron, no sé si esta palabra me describa perfectamente, sin sarcasmo, porque aun siento pero no todo solo siento angustia y desagrado, mataron los colores que tenía en el fondo y me hicieron, construyeron una muñeca perfecta. 
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