Mis días de gloria han sido basados en las opiniones ajenas, han confortado un permafrost humano, representando un verano de los polos de la tierra. La vida suele ser un constante enigma para los ojos curiosos más cuando a esos ojos se les regala una dorada tarde de otoño con esos vientos tan suaves y tibios.
La felicidad produce una embriaguez tan exquisita, donde uno no quiere estar sobrio, solo mirar al cielo y agradecer en silencio.

                                  ‘‘No todo funcionó por lo cual hubo solo deseos
                                   Si vi las estrellas en la playa pensando si será él
                                    Los nudos en la garganta eran insoportables
                                  Ojalá me puedas enseñar que es vivir más cosas…’’
Quizás el caminar en esos días tan dorados de otoño sea lo más ordinario mientras el polvo cae sobre los ojos, los vientos mecen un recuerdo del ayer con tal suavidad que los hace volver a dormir. Las pisadas de una mortificación caen ligeras en estos días.
Hace un par de noches volví a ser joven, me rejuveneció ver una noche de octubre, esos cielos nocturnos con nubes quebradas me llevaron a los años de mi niñez, donde la luna tan radiante acentuaba más esas brechas entre las nubes, donde un yo más joven observaba esas noches sin saber que ese futuro sería un presente. Ahora esos árboles que tocan mi ventana sean convertido en un reloj que me señala mis últimos días de otoño.
2340

Cargando comentarios...