Escuche sus últimas palpitaciones, y ahí, entre la noche
sus ojos se cerraron y la oscuridad se volvió eterna.
Adiós: ni eso supe decir. Muda de la tristeza le despedí
con el silencio de mis soledades, con el roció de lluvia
que el día apremiaba para su nunca despertar.
 
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