Perder la razón
Cada noche, un nuevo dilema.
Cada mañana, un final de sirena.
Cada noche, un comienzo de infierno,
el querer abandonar ese invierno
en el que se encontró tu pegatina
marcada a ritmo de canción
en su novato corazón.
El contacto con el agua cristalina
con la mísera esperanza matutina
de matar el pensamiento,
de olvidar tu gran portento;
ser eres que nubla el razonamiento.
Llegado a saber, aprender y conocer
que ser eres demonio y ángel
pero, siempre, lo contrario de él
porque, nunca, encajaran
dos piezas iguales en el mismo cartel.
Cada mañana, un final de sirena.
Cada noche, un comienzo de infierno,
el querer abandonar ese invierno
en el que se encontró tu pegatina
marcada a ritmo de canción
en su novato corazón.
El contacto con el agua cristalina
con la mísera esperanza matutina
de matar el pensamiento,
de olvidar tu gran portento;
ser eres que nubla el razonamiento.
Llegado a saber, aprender y conocer
que ser eres demonio y ángel
pero, siempre, lo contrario de él
porque, nunca, encajaran
dos piezas iguales en el mismo cartel.
350

Cargando comentarios...