Libertad
Recuerdo la diferencia de significado entre las palabras simpatía y empatía. Recuerdo que existen diferentes puntos de vista. Recuerdo que alguien dice que es normal e, incluso, bonito que el ser humano tenga distintas formas de pensar. También recuerdo lo fácil que es manipular el cerebro humano. Tan solo imaginemos, y digo imaginemos porque cualquier parecido con la realidad tan solo es casualidad. Se llama villano al antagonista de la trama. El antagonista es el principal enemigo del protagonista, que suele ser amado por todos los espectadores o lectores. Sin embargo, existen películas en la que el antagonista se convierte en el propio protagonista. Un antagonista protagonista. ¡Vaya! Será una broma de un caballero oscuro. (Repito, cualquier parecido con la realidad es pura casualidad). En este caso, el espectador empieza a entender al antagonista protagonista e, incluso, le ama. ¿Quién es el malo ahora?
En los duros tiempos que sufrió toda una civilización sin poder disfrutar de la pequeña libertad de simplemente pasear por la ciudad surgieron muchos héroes lanzando su luz acusadora desde su propia celda, posición alejada y segura. Todo el mundo que andaba por la calle, bien acompañado de su perro, era un vil civil, un egoísta que no empatizaba con el pobre y cuerdo civil que se adueñaba de toda la responsabilidad ciudadana bajo su yugo mientras esperaba, deseando, que pasara una semana para que una orden le permitiera bajar a pasear con sus niños. Qué falta de empatía por el vil acompañante del perro y cuanta simpatía por el agradable dueño del niño. ¿Hace falta que contemos la realidad observada por cada uno de los dos "sujetos"? Sitúate en el punto de vista que quieras, al final, eso es lo bonito del ser humano. Todas las opiniones son respetables. No hay libertad, pero sí libertad de expresión.
Imagina ahora, pues, ser el padre de un niño de 13 años. Tu deseo como padre es que tu niño crezca feliz y harás lo posible porque eso ocurra. Lo posible y lo imposible. Harás lo imposible como subirle en un barco de 10 metros cuadrados y que la marea se lo lleve a cualquier ciudad un poco más decente que la tuya porque, sabes que estando contigo, el único desenlace que podrá observar tu hijo es cómo su padre es fusilado. ¿Qué felicidad es esa para tu hijo? Pues imagina qué tipo de persona es aquella que se sitúa en el punto de vista del individuo que ve como tu hijo, hambriento, sediento, asustado y con frío pisa el lugar donde, obviamente, esta persona eligió vivir y, por eso, se cree dueño de esa tierra y no quiere que tu hijo, que acaba de llegar, pueda quedarse y buscar el futuro feliz que tú, como padre, anhelabas.
Es verdad, tan solo es casualidad el parecido con la realidad. Tan solo hay que disfrutar de las distintas formas de pensar. Así surge la "riqueza" del ser humano. No puede predominar ninguna forma de pensar porque todas son válidas para el ser humano. Pero... ¿Acaso existe el ser humano como colectivo, o tan solo el ser humano es un conjunto de pequeños colectivos que, a su vez, estos pequeños colectivos se creen individuos formando colectivos?
En los duros tiempos que sufrió toda una civilización sin poder disfrutar de la pequeña libertad de simplemente pasear por la ciudad surgieron muchos héroes lanzando su luz acusadora desde su propia celda, posición alejada y segura. Todo el mundo que andaba por la calle, bien acompañado de su perro, era un vil civil, un egoísta que no empatizaba con el pobre y cuerdo civil que se adueñaba de toda la responsabilidad ciudadana bajo su yugo mientras esperaba, deseando, que pasara una semana para que una orden le permitiera bajar a pasear con sus niños. Qué falta de empatía por el vil acompañante del perro y cuanta simpatía por el agradable dueño del niño. ¿Hace falta que contemos la realidad observada por cada uno de los dos "sujetos"? Sitúate en el punto de vista que quieras, al final, eso es lo bonito del ser humano. Todas las opiniones son respetables. No hay libertad, pero sí libertad de expresión.
Imagina ahora, pues, ser el padre de un niño de 13 años. Tu deseo como padre es que tu niño crezca feliz y harás lo posible porque eso ocurra. Lo posible y lo imposible. Harás lo imposible como subirle en un barco de 10 metros cuadrados y que la marea se lo lleve a cualquier ciudad un poco más decente que la tuya porque, sabes que estando contigo, el único desenlace que podrá observar tu hijo es cómo su padre es fusilado. ¿Qué felicidad es esa para tu hijo? Pues imagina qué tipo de persona es aquella que se sitúa en el punto de vista del individuo que ve como tu hijo, hambriento, sediento, asustado y con frío pisa el lugar donde, obviamente, esta persona eligió vivir y, por eso, se cree dueño de esa tierra y no quiere que tu hijo, que acaba de llegar, pueda quedarse y buscar el futuro feliz que tú, como padre, anhelabas.
Es verdad, tan solo es casualidad el parecido con la realidad. Tan solo hay que disfrutar de las distintas formas de pensar. Así surge la "riqueza" del ser humano. No puede predominar ninguna forma de pensar porque todas son válidas para el ser humano. Pero... ¿Acaso existe el ser humano como colectivo, o tan solo el ser humano es un conjunto de pequeños colectivos que, a su vez, estos pequeños colectivos se creen individuos formando colectivos?
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