Sugerentes rosas, visten el orgullo de lo mancillado, entre lo que es más allá de lo que es más acá, sugerido y referente. Son biberones de posibles engendros de la mañana a la tarde, y de la tarde a la noche. Espíritus elaborados como pasteles de auyama; entre el crudo de las entrañas de la tierra, coronarias son sus sonrisas más odiosas y felices; de tristeza presente en su voz y en su elevación de territorios de piedras de escalamientos. Y es hasta a lo más elevado, que desde las flores que se plantan en la cabeza hasta los pies, forman una forma primaria y primitiva.  

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