PENSAMIENTOS II
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Enervado, acude más por un instinto que certeza y excitado por una profunda envidia ante la novedad de un futuro libre de ignominias, fue entonces que sufrió piadosos estremecimientos.
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Revolotea con una pesada carga, tratando de dominar el pensamiento surgido en el fango de melancolías.
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El sonido del rezo de cientos predicadores, suman una reserva espiritual a hombres consternados.
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Su alegría es legítima, en el burdel del bajo, cuyas ventanas dan a las acequias desde donde se ven agraciadas hembras en inéditas poses, conquistando su clientela. Se pasean procesiones de risas, custodiando la vigilia libre de sueños y purezas de sus almas. Ellas cobijan antiguas canciones, con la idea de una cordialidad legitimada sin querer, en antiguas y serenas conductas.
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Desperté con bayonetas matando caracoles. Había un furor extraño en el parque. Cientos de vírgenes de ambulaban entre juegos inventados. Eran sirenas de trapo extraviadas que, sin embargo, en el «vitraux»
reflejadas como extrañas pecadoras quedaban descubiertas entre múltiples colores. Estaban representadas con toda una dignidad conquistada por años, cuando una brisa juguetona e inesperada, dispersó el polvillo gris que las cubría, y las butacas del teatro sin techo, encendió usinas generadoras de luz. Fue entonces cuando aquellas almas visibles y generosas del antes, desaparecieron… y yo me fui a comprar entradas.
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Una madreselva descuelga del balcón escapando al bullicio de los espejos, mientras metros de visillos cubren
toda la catedral de Notre Dame, de cuyos campanarios grises desprenden ángeles fatigados de tantos rezos destinados a poner candado al pecado.
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El por-venir lucha con el por-llegar, dibujado en risueñas formas, como servilletas secando lágrimas al crepúsculo. Despedido sin palabras en tabernas clausuradas, la soledad quedó sin refugio por el trasnochador enigma de la noche.
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Las historias que se escriben en calles de cascadas y adoquines pestañando amaneceres, que se mezclan en los suburbios con rumores de prostitutas anudando inviernos en bailes de músicas secas, y organillos con gratas mujeres amadas sin remordimientos en vidrieras del deseo, que se ofrecen con esa hinchada y obligada soledad, entre tantos rosales pintados en marcos de madera, semejando heladas máscaras de dolores vivos…. hoy, disimulados.
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Vientres despreocupados, cientos, invitan la conquista del deseo que medita con el pecado, sin perder el tedio al
recuerdo de miserias impuestas, con un juramento húmedo de reclamos, a la malvada y valiente paloma del olvido, cubierta por una risueña ceniza, que oculta su historia.
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¿Cuál será
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