Me han dicho que finges indiferencia
cuando se menciona mi nombre,
pero no evitas preguntar cómo estoy;
y que, en tu mirada recóndita,
parecieras cargar un dejo de pena.  
Y también me han contado que,
secretamente,
aun conservas extrañamente todas mis cartas.
 
Al oírles confiar sus cuentos,
resuelto detengo mis pasos con ira
y los giro en dirección opuesta,
hacia el tiempo pasado,
irónicamente,
ya que es el eco-instante del dolor
que se hace presente,
cuando se atropellan en mi mente
los estúpidos recuerdos
contigo llenando un par de maletas
con tu rostro enrojecido por el odio
y tu voz ronca por la furia
gritando indolentemente
que soy yo un maldito papanatas
que todo se lo cree,
que prefiero las palabras ajenas
y no escucho las tuyas verdaderas…
 
Quisiera verte
con esa carita entristecida llena de pena
para hacerte morder las mentiras
que metías dentro de esa maleta,
cuando con cínico modo
negaste la verdad e hiciste vuelo
hacia tu nueva aventura…
 
Ha pasado el tiempo
y mi herida está cicatrizada.
La sangre volcada por ella
me enseñó el sano modo 
de no deshacer maletas viejas.    
 
1290

Cargando comentarios...