Dos habitaciones rojas
apresadas
por dos casas blancas
cuatro corazones
enfermos
y cuatro sexos
anhelantes
además
unas cuantas calles
una ciudad muy lustrosa
el cielo tapizado
de tristeza
una lluvia maligna
como el ácido.
 
Yo veo el tren de la bruja
y me asusto
tú sueñas nuestra tía
engañada
te envicías
me acobardo.
 
Me acaricias
para que me pase el miedo.
Te acaricio
para darte consuelo,
las manos se cruzan por los caminos. 
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