Acompañando unos pasos
A veces su andar es arrastrado por la calle
y por la casa.
Patea a los gatos que le hacen compañía
porque no quiere ir a ver a Dios
y ya se acerca la hora.
Cansado, fatigado por la vida
que lo derrotó multitud de veces,
se sienta en una silla tan vieja como él
y encorvado, guarda silencio ante mí.
Y yo no sé que decirle.
Me gustaría saber si tiene miedo a morir,
pero eso tampoco es verdad: ya sé que si.
De improviso alza la vista y me mira
con sus ojos tan azules,
que fueron muy hermosos en su juventud,
a buen seguro.
"Nena, ¿todo bien?" Le digo que si
y él me pide que conecte el televisor.
"Si quieres quedarte a verlo a mi lado,
no me importa que lo hagas".
Y empiezan a pasar las horas, las nubes
transitan por encima de nuestro tejado.
Es casi su fin.
y por la casa.
Patea a los gatos que le hacen compañía
porque no quiere ir a ver a Dios
y ya se acerca la hora.
Cansado, fatigado por la vida
que lo derrotó multitud de veces,
se sienta en una silla tan vieja como él
y encorvado, guarda silencio ante mí.
Y yo no sé que decirle.
Me gustaría saber si tiene miedo a morir,
pero eso tampoco es verdad: ya sé que si.
De improviso alza la vista y me mira
con sus ojos tan azules,
que fueron muy hermosos en su juventud,
a buen seguro.
"Nena, ¿todo bien?" Le digo que si
y él me pide que conecte el televisor.
"Si quieres quedarte a verlo a mi lado,
no me importa que lo hagas".
Y empiezan a pasar las horas, las nubes
transitan por encima de nuestro tejado.
Es casi su fin.
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