Pánico en el centro comercial primera parte y segunda parte
Pánico en el Centro comercial.
Por Marina Campano.
Me encontré en un centro comercial, el cual estaba atestado de gente. Empecé a caminar, el camino era bastante largo o tal vez me habría parecido ya que estaba en un estado de cansancio; a lo lejos había una puerta, intrigada me dirigí hacia ella, al abrirla no podía creer lo que veía; había aún más gente que se divertía con juegos, y con ella había un animador. Salí de ese lugar por unas escaleras que tenían barandas negras, me tomé de ellas porque me sentía medio mareada, sentía que mis manos junto con mi cuerpo sudaban frío, me sentí extraña, cuando estaba por llegar al final, algo me decía que debía girarme para atrás; en ese momento vi que un hombre que aparentaba 25 años, me apuntaba con un arma, este vestía una campera de cuero negra y la llevaba abierta, a la vista una remera blanca, pantalones negros y mocasines del mismo color. Era alto, robusto, de tez blanca, su cabello era rubio dorado, tenía barba apenas afeitada y ojos de un color verde intenso que me miraban directamente a los ojos, parecía penetrarme con sus pupilas, no sé porque me apuntaba, pero lo hacía y parecía que de verdad iba a matarme. En ese momento no sabía lo que me estaba sucediendo, estaba paralizada de miedo, lo observé con terror, él parecía sentir mi miedo ¡no dejaba de mirarme, eso bastó para que yo saliera disparada escaleras arriba.
Corrí, y decidí no mirar para atrás, me introduje dentro de ese tumulto de gente, debo decir que no fue fácil pasar esa barrera humana, porque era tanta la cantidad de personas que se hallaban allí que era probable morir en una avalancha, no sé como hice pero logré pasar para el otro lado, el animador que estaba allí, me dijo algo que no escuche ya que el pánico se adueño de mí; cuando pensaba, en que estaba a salvo estaba equivocada, muy equivocada. El mismo hombre que ví por debajo de las escaleras me estaba buscando...
Asesinato.
Por Marina Campano.
Era un patio reducido de dos por dos, a mi lado había cuatro chicos, dos de ellos aparentaban 19 años, y los otros dos entre 11 y 8 años. Todos estábamos sentados en el suelo, presenciando un asesinato. No podía creer lo que mis ojos veían, un río de sangre alrededor de la víctima, la cual fue brutalmente golpeada y apedreada, por un hombre, robusto, alto (1,95 aproximadamente) de tez blanca, ojos verdes y pelo negro, vestía una remera ajustada negra, unos vaqueros blancos y mocasines marrones. La persona que estaba tirada, le faltaba un brazo el cual estaba a su lado, arrancado totalmente del cuerpo, un agujero en el estómago, que ese hombre seguía haciendo con sus mocasines llenos de sangre. Todos los que estábamos allí estábamos aterrados, pero lo más extraño era que nadie notaba que estaba alli, es más nadie parecía conocerme, ni yo a ellos.
Salí de allí, corriendo, mire desesperada a mí alrededor y me di cuenta que estaba en una estación de polícia.
Había mucho movimiento, y nadie parecía saber lo que estaba pasando. Escuche que alguién me decía: -¡ Marina! ¿Qué estás haciendo aquí?
Estaba muy cansada, noté para mi sorpresa que mis zapatillas estaban llenas de sangre.
Me senté en un banco, al lado mío estaba un chico que tenía unos 10 años, en su mano había un revolver, él no registró que yo estaba al lado, el chico era moreno, ojos color miel, pelo castaño claro y llevaba una remera holgada blanca y unos pantalones cortos color azul.
En ese momento apareció un hombre, que yo reconocía era el que había asesinado a esa persona en aquel patio, en el que todos vimos su crimen; su crimen perfecto. Ese hombre apuntaba al chico que estaba a mi lado, pero éste también lo apuntaba.
-¿Me vas a disparar? O a lo mejor se te traba la pistola como a papá.-dijo el hombre al chico que resultó ser su hermano.
Gire la vista, y mis ojos dieron a un hombre de 45 años, con un traje de policía, con una pistola entre sus manos, y tenía sus ojos verdes completamente llenos de lágrimas y su pelo castaño claro enmarañado, al lado de él estaba su señora que tenía un rostro de frialdad y miraba fijo a “su hijo” (tengo dudas sí en verdad era su hijo, creo que era su madrastra, no estoy segura)
Su hijo de 25 años, el asesino, apuntó hacia su padre, cerré los ojos y escuché el primer disparo, los abrí y el padre estaba muerto, los cerré por segunda vez, y el chico también lo estaba. El hombre de pelo negro, ojos verdes, tez blanca, clavó los ojos en mí. Aún no sé que hacía yo ahí, no conocía a nadie, pero el asesino parecía... que sí, él si parecía reconocerme.
Por Marina Campano.
Me encontré en un centro comercial, el cual estaba atestado de gente. Empecé a caminar, el camino era bastante largo o tal vez me habría parecido ya que estaba en un estado de cansancio; a lo lejos había una puerta, intrigada me dirigí hacia ella, al abrirla no podía creer lo que veía; había aún más gente que se divertía con juegos, y con ella había un animador. Salí de ese lugar por unas escaleras que tenían barandas negras, me tomé de ellas porque me sentía medio mareada, sentía que mis manos junto con mi cuerpo sudaban frío, me sentí extraña, cuando estaba por llegar al final, algo me decía que debía girarme para atrás; en ese momento vi que un hombre que aparentaba 25 años, me apuntaba con un arma, este vestía una campera de cuero negra y la llevaba abierta, a la vista una remera blanca, pantalones negros y mocasines del mismo color. Era alto, robusto, de tez blanca, su cabello era rubio dorado, tenía barba apenas afeitada y ojos de un color verde intenso que me miraban directamente a los ojos, parecía penetrarme con sus pupilas, no sé porque me apuntaba, pero lo hacía y parecía que de verdad iba a matarme. En ese momento no sabía lo que me estaba sucediendo, estaba paralizada de miedo, lo observé con terror, él parecía sentir mi miedo ¡no dejaba de mirarme, eso bastó para que yo saliera disparada escaleras arriba.
Corrí, y decidí no mirar para atrás, me introduje dentro de ese tumulto de gente, debo decir que no fue fácil pasar esa barrera humana, porque era tanta la cantidad de personas que se hallaban allí que era probable morir en una avalancha, no sé como hice pero logré pasar para el otro lado, el animador que estaba allí, me dijo algo que no escuche ya que el pánico se adueño de mí; cuando pensaba, en que estaba a salvo estaba equivocada, muy equivocada. El mismo hombre que ví por debajo de las escaleras me estaba buscando...
Asesinato.
Por Marina Campano.
Era un patio reducido de dos por dos, a mi lado había cuatro chicos, dos de ellos aparentaban 19 años, y los otros dos entre 11 y 8 años. Todos estábamos sentados en el suelo, presenciando un asesinato. No podía creer lo que mis ojos veían, un río de sangre alrededor de la víctima, la cual fue brutalmente golpeada y apedreada, por un hombre, robusto, alto (1,95 aproximadamente) de tez blanca, ojos verdes y pelo negro, vestía una remera ajustada negra, unos vaqueros blancos y mocasines marrones. La persona que estaba tirada, le faltaba un brazo el cual estaba a su lado, arrancado totalmente del cuerpo, un agujero en el estómago, que ese hombre seguía haciendo con sus mocasines llenos de sangre. Todos los que estábamos allí estábamos aterrados, pero lo más extraño era que nadie notaba que estaba alli, es más nadie parecía conocerme, ni yo a ellos.
Salí de allí, corriendo, mire desesperada a mí alrededor y me di cuenta que estaba en una estación de polícia.
Había mucho movimiento, y nadie parecía saber lo que estaba pasando. Escuche que alguién me decía: -¡ Marina! ¿Qué estás haciendo aquí?
Estaba muy cansada, noté para mi sorpresa que mis zapatillas estaban llenas de sangre.
Me senté en un banco, al lado mío estaba un chico que tenía unos 10 años, en su mano había un revolver, él no registró que yo estaba al lado, el chico era moreno, ojos color miel, pelo castaño claro y llevaba una remera holgada blanca y unos pantalones cortos color azul.
En ese momento apareció un hombre, que yo reconocía era el que había asesinado a esa persona en aquel patio, en el que todos vimos su crimen; su crimen perfecto. Ese hombre apuntaba al chico que estaba a mi lado, pero éste también lo apuntaba.
-¿Me vas a disparar? O a lo mejor se te traba la pistola como a papá.-dijo el hombre al chico que resultó ser su hermano.
Gire la vista, y mis ojos dieron a un hombre de 45 años, con un traje de policía, con una pistola entre sus manos, y tenía sus ojos verdes completamente llenos de lágrimas y su pelo castaño claro enmarañado, al lado de él estaba su señora que tenía un rostro de frialdad y miraba fijo a “su hijo” (tengo dudas sí en verdad era su hijo, creo que era su madrastra, no estoy segura)
Su hijo de 25 años, el asesino, apuntó hacia su padre, cerré los ojos y escuché el primer disparo, los abrí y el padre estaba muerto, los cerré por segunda vez, y el chico también lo estaba. El hombre de pelo negro, ojos verdes, tez blanca, clavó los ojos en mí. Aún no sé que hacía yo ahí, no conocía a nadie, pero el asesino parecía... que sí, él si parecía reconocerme.
1850



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