A la mujer le pintaron varias aves en torno a su vulva. Pequeño jardín con perfumadas flores en los muslos y por el monte de Venus. No se dio cuenta de las avecillas perdiéndose en el jardín. Entraban por su vulva. Lo único que extrañó, fue el hecho de comenzar a cantar de imprevisto bellas canciones, sin saberlas ni proponérselo, en los lugares y momentos menos pensados, algo incómodo para ella y para quienes la rodeaban, donde tales melodías no tenían sentido. Al descubrir el motivo,  pensó comunicárselo al dibujante pero prefirió guardar silencio. Le dijeron que deseaba pintarle dragones.
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