-La paciente del cuarto 72, Sarah Vénzala, ha atacado nuevamente a uno de los pequeños del cuarto de esquizofrenia. – dice Karen, una mujer de mediana edad, robusta y de cabello rubio al salir de la sala de conferencias – Ya no sabemos qué hacer con ella.
Suelto un suspiro y me llevo la mano a la frente, frotándola de manera frustrada.
-No podemos dejarla salir más… - tomo el expediente que ella me tiende - ¿Cuántas veces en esta semana?
-Nueve – dice Alan saliendo detrás de Karen.
- ¡¿Nueve?! - Karen asiente.
-Y también intentó hacerse daño con una pluma – añade Alan
-De eso no me enteré… ¿Cómo sucedió? – pregunta la enfermera frunciendo el ceño y volviéndose hacia su compañero.
-Robó una pluma durante la cena, luego en su habitación, cuando Leslie la dejó para dormir, comenzó a enterrarla en sus uñas – se aclaró la garganta – cuando Gerardo y yo llegamos ya tenía dos dedos ensangrentados.
 
Sarah Vénzala Jimentíz
Edad:  23   Sangre: A+  Fecha de nacimiento: 3 de Agosto de 1992
Enfermedad: Psicosis
Historial: A los 12 años comenzó a cortarse con chuchillos por placer, al notarlo, los padres, Francisco y Gabriela decidieron internarla en una clínica de intento de suicidio.
Al ser dada de alta tuvo comportamientos normales hasta los 14 años, cuando asesino a su gato para posteriormente cortarse las muñecas en señal de arrepentimiento.
Mató a su mejor amiga en el 2004. Dos días después sus padres fueron encontrados muertos, mutilados y con desatornilladores clavados en los ojos. Horas después ingresó al Hospital de la Ciudad en condiciones decadentes.
Tras el juicio, en el que Sarah afirmó ser culpable del homicidio y de ser diagnosticada como “enferma mental”, ingresó al centro médico Guadalupe de enfermedades mentales.
 
-¡Esta paciente es altamente peligrosa! – exclamo mirándolos - ¡¿Cómo es posible que la hayan dejado en la sala de convivencia?!
-El doctor Domínguez dijo que era conveniente observar su comportamiento en compañía – dice Alan
- ¡El doctor Domínguez me viene valiendo un pepino! – ambos se miran confundidos - ¡Yo soy el director, y ningún paciente sale de su habitación sin que antes yo haya visto el historial!
-Lo siento, doctor Muñoz. Mientras estuvo de viaje el doctor Domínguez se encargó del caso – susurra Karen – No volverá a ocurrir.
-Yo me encargaré de la paciente Vénzala – afirma Alan.
Asiento – Queda bajo tu responsabilidad.
-Sí, doctor.
En ese momento suena la alarma.
Página 2
- ¿Quién es? – pregunta una enfermera castaña.
-Habitación 28 – dice el encargado de seguridad - ¡Rápido!
Salimos corriendo hacia el pasillo izquierdo. Al fondo veo a una chica joven con cabello disparejo y despeinado; muy delgada y con los ojos cerrados parada junto a la puerta de la paciente 28.
Abrimos la puerta y desde el marco veo a Ariana llorando en un rincón de la habitación, recargando la frente sobre la esquina.
-Yo no fui… Yo no fui… No fui yo… - susurra.
-Sarah – susurra un enfermero - ¿Qué haces aquí?
Sarah se alza de hombros para después abrir los ojos y mirarme fijamente.
-Ariana, tranquila – susurra Carmen – tranquila, no pasa nada – se acerca a ella por la espalda y pone una mano en su hombro – Todo está bien…
- ¡No fui yo! – grita volviéndose hacia Carmen y tomando su mano con fuerza para aventarla lejos - ¡Dejen de culparme!
Tres personas más entramos deprisa a la habitación y agarramos a la chica por manos y piernas para llevarla a la cama, donde Carmen que ya se ha puesto de pie le suministra una inyección de anestesia.
-Tranquila, Ariana – dice Carmen mientras Ariana forcejea y grita sin cesar.
Cuando Ariana cede ante la anestesia, Alan, quien nos ayudó con la chica, se vuelve ante la ayudante que espera junto a Sarah sin saber qué hacer con la chica.
- ¡¿Qué hace ella aquí?! – exclama - ¡¿Quién la dejó salir?!
-No fui yo, señor – susurra la chica, quien debió estar de prueba, pues no la conozco. – Cerré la puerta como usted me indicó y…
-¡No la cerraste puesto que se salió!
-La cerré, lo juro.
-Mira, Mariana, he tratado se ser paciente contigo, pero, creo que no eres la adecuada para esto – se acerca hacia Sarah y yo voy tras de él. – El doctor Muñoz, que es el director, decidirá qué hacer. – Se acerca a Sarah y la toma por las muñecas - ¡Juan! Ayúdame con esta chiquilla.
Mariana se vuelve hacía mí con gesto de terror.
Suspiro – Soy, como dijo mi compañero, el doctor Muñoz – extiendo mi mano y ella la toma en gesto de saludo – Que no vuelva a ocurrir, ¿de acuerdo? – asiente con un brillo especial en los ojos – Estás de prueba.
- ¡Gracias, señor! – aquella chiquilla joven sonríe en agradecimiento.
Página 3
Mientras Juan y Alan toman a Sarah, me percató de que todo el rato me ha estado mirando. Ni siquiera deja de hacerlo mientras se la llevan y vuelve la cabeza hacía mí.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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